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martes, 29 de noviembre de 2016

Exposición Sarhua Llaqta


Fuente: Biblioteca Nacional de Perú



BNP PRESENTA EXPOSICIÓN DOCUMENTAL SARHUA LLAQTA EN HOMENAJE A DON PRIMITIVO EVANÁN POMA


La Exposición SARHUA LLAQTA: Homenaje a don Primitivo Evanán Poma, se inaugura este miércoles 30 de noviembre a las 7:00 p.m. en la Sala de Exposiciones de la Biblioteca Nacional del Perú (Av. De la Poesía 160, San Borja)

A través de ésta muestra se pretende visibilizar el capital cultural de la población de Sarhua, ubicada en la provincia de Víctor Fajardo, Ayacucho, a partir del tejido, las tablas, el patrimonio monumental y principalmente de su comunidad. 

La exposición estará conformada por los diversos momentos en el trascurrir histórico de este centro poblado desde sus orígenes como viga de techo hasta convertirse en Tabla de Sarhua con una selección de temas y recursos.

Además se contará con fotografías de las familias de Sarhua, objetos textiles, musicales y un espacio que contendrá la mesa de trabajo del maestro Evanán Poma y sus herramientas.

La muestra aborda: Costumbres, Ritualidad, Puente Colgante, Capilla Doctrinera, Textiles, Tiempo de la Violencia, Migración, la música, la fundación de la Asociación de Artistas Populares de Sarhua - ADAPS, y una retrospectiva fotográfica de la familia Evanán Poma.

La exposición tendrá guiados en quechua, según una próxima programación, para fortalecer la memoria y la divulgación de nuevas sensibilidades populares.

Cabe mencionar que la comunidad de Sarhua han mantenido la tradición de colocar adosadas a las vigas de los techos de sus casas, tablones de molle o eucalipto pintadas con la genealogía familiar, las devociones a sus dioses tutelares, fiestas comunales, mitos y costumbres del pueblo. A mediados de los setentas producto de la migración del campo a la ciudad estos tablones pintados se adecuaron a un nuevo formato pensado para los citadinos y se transformaron en las reconocidas Tablas de Sarhua donde se narran las nuevas historias marcadas por el desarraigo, la exclusión con que la urbe trata a los provincianos y también se poblaran con las escenas de violencia durante la guerra interna en los ochentas.

Evanán Poma es un artista popular que ha mantenido y divulgado la tradición de la pintura ritual con la genealogía familiar, los dioses tutelares y las fiestas comunales sobre los troncos de molle o eucalipto que son las vigas de los techos de casas.

Fuente: Oficina de Imagen Institucional y Extensión Cultural de la Biblioteca Nacional del Perú






sábado, 4 de junio de 2016

Tablas de Sarhua. Alza techo (*)



Por Roberto Villegas Robles (**)


Cada vez que en nuestro país encontramos una manifestación artística no conocida que se hace en algún pueblo, nos damos con la sorpresa de no saber ¿qué es lo que ha sucedido, de donde viene, es una creación o una recreación?

Esto debido a que los invasores españoles que luego nos conquistaron impusieron su cultura con todas sus costumbres. Uno de los daños tremendos que causaron, dentro de otros, fue que desaparecieron a los amautas, seguramente que matándolos destrozando de esa manera la persistencia de la cultura andina, para luego decir que el pensamiento de ellos es el perfecto, nos trajeron la idea de los seres negativos como es el del diablo, que no existía ni existe en alguna de las religiones del extenso mundo andino.

Hurgamos en la memoria y pensamos en la historia que nos han enseñado o hemos leído en nuestra época de estudiante. Cada cual recuerda a sus maestros y también en las informaciones de los libros leídos. Atilio Sivirichi, el famoso historiador cusqueño que nos encendía el espíritu y nos henchía de emoción cuando nos relataba la historia del mundo andino, en las clases que impartía en la Escuela de Bellas Artes; y es ahí cuando podemos recordar sus relatos, como el de la época del Quinto Virrey, Álvarez de Toledo, quien mandó a pintar en el año 1572 cuatro paños que envió al rey de España Felipe II, en ellos estaban representados los gobernantes incas hasta Huayna Cápac y además sus descendientes; en esa colección no estaba la imagen de Atahualpa. Este interés fue producto del extenso viaje que realizó por el Virreynato del Perú, donde interrogó a curacas, quipucamayocs y nobles incas y como resultado de ello redactó un Informe para el rey de España. También encargó confeccionar lienzos y tapices donde se fijasen los hechos más importantes de la historia de los incas, sus ídolos, la traza de sus templos y otros datos de interés, trabajo que se encomendó a los artífices nativos más expertos. Estos paños, así como el Informe del virrey y la segunda parte de la Historia Índica de Sarmiento –referente a la historia de los incas– fueron enviados al rey en 1572, siendo portador del encargo don Gerónimo de Pacheco. Desafortunadamente todos estos lienzos se perdieron en el incendio de la Casa del Tesoro del Alcázar de Madrid que sucedió el año 1734.

Lo importante es que la historia estaba referida en lienzos que llamaban quellcas y que los incas mandaban a confeccionar, la historia se registraba de esa manera. Fernando de Montesinos en una de sus crónicas menciona que las denominadas quellcas se guardaban en un recinto conocido como Pokencancha, donde se depositaban.

No hay otros cronistas que mencionen este legado cultural, lo que significa que los destruyeron, desapareciendo de esta manera uno de los registros históricos importantes del mundo andino.

Pero eso significaba que una de los formas de relatar la historia era a través de gráficos y pinturas, como gráficos son los íconos que se registraron y se registran a través de los keros, y los de los tejidos, que aún se siguen haciendo y que las mujeres culturalmente andinas saben el significado de cada uno de ellos. Debemos entender que la escritura no solamente es la alfabética, que es un proceso lento de la historia, sino también la silábica y la gráfica, dentro de otras sutilezas.

La mejor manera de entender este sistema de comunicación lo podemos observar en la obra de Huamán Poma de Ayala, quien con líneas simples relata los acontecimientos de la época que le tocó vivir; y si es que hacemos breves análisis de ellos podemos observar que cada vez que nombra a los sacerdotes de la época, curiosamente los define como de la zona de Huánuco, de donde eran oriundos sus padres. Sabemos que esa fue la zona de la cultura Kotosh, que fue importante desde el punto de vista religioso y cultural, y que influenció fuertemente a las demás culturas andinas; si observamos los gráficos de esa cultura podemos observar que hay diseños que se siguen empleando en el grupo etnolingüístico pano y entre ellos a los shipibos y sharanahuas; es importante entender la estructura mental que aún persiste en el pensamiento cultural mencionando a los de la selva; si es que ellos llevan la imagen de las víboras, no es que adoren a estos animales, sino que estos al ver que la persona los porta significa que los mata, por lo tanto huirán ante la presencia de su imagen; lo mismo sucede si es que un hombre tiene en su collar un diente de otorongo, este animal al ver el collar huirá; qué diferencia con el pensamiento del hombre europeo, que nos han tratado de imponer, pues si ellos portan la imagen de un ser negativo es porque lo adoran. Esto nos da a entender que la cultura autóctona no ha muerto, que aún sigue vigente.



Travaxo / papa, oca, tarpui pacha (día de la siembra de la oca). Dibujo tomado del libro Nueva crónica y buen gobierno de Felipe Guamán Poma de Ayala (1615). Fuente: http://www.latinamericanstudies.org/incas.htm



Huamán Poma era descendiente de una noble familia Yarovilca, en la que derivó la cultura Kotosh. Se dedicó a escribir su Nueva crónica y buen gobierno, uno de los libros más originales de la historiografía mundial. En esta obra, de 1180 páginas y 397 dibujos, que escribió entre 1600 hasta 1615, fue escrita para al rey Felipe III de España; la Corónica describe las injusticias del régimen colonial y sostiene que los españoles fueron colonos extranjeros en el Perú, «Es nuestro país», dijo, «porque Dios nos lo ha dado a nosotros». El rey nunca recibió el documento. Nunca se supo cual fue su destino. Estuvo perdido durante siglos, hasta que fue encontrado en 1908 en la Biblioteca Real de Copenhague por Richard Pietschmann, quien lo presentó a la comunidad científica internacional en 1912. En 1936 fue publicado en edición facsimilar al cuidado de Paul Rivet y con una introducción escrita por quien lo había encontrado. Julio C. Tello ensalzó inmediatamente su importancia incomparable: «No existe libro alguno escrito en este período que pueda competir con él en riqueza de información, clarividencia y valentía del autor para enjuiciar los acontecimientos de su tiempo».

Hay otra obra importante en la que se puede observar la característica de la obra pictórica del hombre andino y es el trabajo que mandó recopilar el Obispo del Obispado de Trujillo, don Baltasar Jaime Martínez Compañón y Bujanda. Este obispado era muy grande, tenía aproximadamente 150’000 km2. Cubría un área que comprendía parte de lo que hoy es Ecuador por el norte, por el sur hasta el río Santa y la bahía de Chimbote. Un territorio de 1300 km de largo por 500 km de ancho comprendía los actuales departamentos de Tumbes, Piura, Lambayeque, La Libertad, Cajamarca, Amazonas y San Martín.

Ante tan basto territorio decidió visitar toda la diócesis, la que realizó en tres años de 1782 ha 1785, la que hizo junto a un grupo de dibujantes y escribientes. Al año siguiente se pudo confeccionar un detallado mapa del obispado y la reunión de 1411 láminas que se compilaron en 9 volúmenes, las mismas que se conservan en la Biblioteca de Palacio en Madrid; naturalmente que se confeccionaron varias láminas del mismo tema, las mejores las envió al rey de España. Pero no escribió los textos explicativos, solamente los índices de las láminas, por lo que desafortunadamente la obra quedo inconcluso; esto debido a que el Obispo fue promovido a la Arquidiócesis de Bogotá el 13 setiembre de 1788, permaneció en Trujillo hasta el 16 de enero de 1791, durante ese tiempo envió al Príncipe de Asturias sus valiosas colecciones de antigüedades peruanas existentes en el Museo Arqueológico de Madrid. Murió en Bogotá en 1797.


Fue una época interesante para España la que se llamó de la Iluminación, pues se puede considerar que recién conocieron la importancia de las tierras que habían invadido, fruto de ello fue que propiciaron viajes de muchos equipos científicos por toda la América.

El trabajo de Martínez Compañón es de gran importancia pues las láminas fueron una detallada información gráfica sobre los diversos aspectos de la naturaleza y el trabajo del hombre andino, las formas en que se trabajaban las minas, los aspectos artesanales, costumbres, vestimenta, enfermedades, y también sobre las fiestas y bailes y varias láminas sobre la música que se tocaba en la época, no solamente caligrafiadas, sino también con el texto. Otro de los aspectos importantes fue la compilación de 43 palabras en las 8 lenguas nativas que se hablaban en esa época.

Durante sus viajes fue coleccionando objetos arqueológicos y etnográficos. En 1788 envió una variada y valiosa colección de cerámica a Carlos III, parte de esta colección se conserva actualmente en el Museo de América de Madrid. En la Real Biblioteca de Madrid se guardan numerosas acuarelas descriptivas del área y sus habitantes, mandadas a realizar por él.

Comentando su viaje Martínez Compañón escribiría después...«He recorrido tantas o más tierras… porque en el discurso de dos años, ocho meses y diez días apenas he cesado día y noche de dar vueltas como loco»… «Me he vuelto tan viejo y lleno de canas que si Vuestra Excelencia me viese no me reconocería».





Danza de los diablicos de Túcume. Tomado del libro Trujillo del Perú de Baltasar Jaime Martínez Compañón y Bujanda (S. XVIII). 



No se conoce quienes fueron los dibujantes. Es posible que Martínez Compañón haya recurrido a los servicios de artistas populares que alternaron al lado de sus cartógrafos escolarizados y eso se evidencia en la manera en que se solucionaron las acuarelas, es de manera popular, no académica.

La existencia de las acuarelas ordenadas por Martínez Compañón fue ignorada bastante tiempo. Su descubrimiento empezó con la comunicación que en 1881 hizo Marcos Jiménez de la Espada al Congreso Internacional de Americanistas. En 1900 el diplomático peruano Luis Ulloa revisó las acuarelas interesado en los mapas que podrían servir para definir fronteras internacionales. En 1936 Jesús Domínguez Bordona publicó la primera edición de las acuarelas de Martínez Compañón, Colección Madrid. Surgieron a raíz de esto numerosos estudios realizados por antropólogos y folkloristas. Con motivo de celebrarse los 500 años de la creación de la ciudad de Trujillo del Perú el día 17 de enero de 1985, se realizó una edición facsímil.

Estas son las dos experiencias visuales históricas que anteceden en la actualidad a las pinturas de Sarhua; hay otras evidencias de entre las pinturas populares que se han hecho y siguen haciendo en los diferentes pueblos peruanos. Uno de ellos fue la obra del pintor cusqueño Julio Villalobos Miranda, que se encargaba de pintar los letreros de picanterías y chicherías, lo hacía con un estilo muy peculiar, luego se encargó de relatar en lienzos pintados a la tempera todas las costumbres que sucedían con ocasión de la procesión del Corpus Christie, que es una de las festividades importantes de la ciudad imperial.




Procesión del Corpus Christie: la Virgen del Carmen. Pintura sobre tela. Julio Villalobos Miranda. Siglo XX. Cusco. Foto: Roberto Villegas R.



El registro mas antigua sobre esta Sarhua corresponde a la visita que hiciera Juan de Palomares en 1574. Sus costumbres no han variado mucho, como la denominación de su estructura dual dividiéndose en los ayllus Sawqa que son los naturales y Qullana los extranjeros; es probable que estos últimos sean la implantación de la costumbre de la etapa del Tawantinsuyo que cuando vencían a un grupo contrario, a la parte intelectual los desfasaban de su tierra y lo ponían en otra región, acción que los Incas decían mitimae; es interesante cómo es que el resultado de esa acción no ha desaparecido, que aún persiste.

Con los antecedentes mencionados estamos en la certeza que el arte pictórico sarhuino es producto y característico de la cultura andina. Esta población está ubicada a 3,389 msnm. Y tiene una economía ganadera y agraria. El 24 de julio se celebra a San Juan Bautista patrón del ganado, y el 15 de agosto a la Virgen de la Asunción, patrona de la agricultura y son las fiestas mas importantes que se celebran con gran boato, es esta una de las ocasiones para ver la vestimenta tradicional de este pueblo y observar los instrumentos musicales que utilizan.

En Sarhua, las tablas se pintan por encargo de los padrinos durante la construcción o ampliación de una casa y su colocación se hace en una ceremonia llamada tabla «apaykuy» (procesión de las tablas pintadas), hay una información equivocada que dice que se colocan las tablas como costumbre matrimonial, pero en algunas oportunidades coincide que bautizan una casa en un matrimonio. En una etapa se les denominaba Alza techo, porque son colocadas de la pared hasta el vértice interno del techo y da la sensación visual de estar sosteniendo el techo, pero no cumple ninguna función de sostén. Lo importante es que la «tabla», no es de madera, sino que es el tallo floral del maguey, material blando que no soporta peso por ser muy liviano por ser una planta suculenta, esta es cortada de su base a dos metros y luego por su mitad longitudinal, que tiene una medida de 20 centímetros de diámetro, aproximadamente, la parte que servirá para pintarla es alisada y cubierta con cal, que le da una característica blanca y lisa.

Tradicionalmente el tema, por ser obsequio de los padrinos a las personas que habitaran la casa, esta referido a esa familia, lo que vendría a ser la «Historia de la familia» la misma que estará representada individualmente, en su aptitud cotidiana y con los elementos o animales de su entorno.


La forma tradicional formal de los cuadros consta de 7 u 8, siendo el primero el que corresponde a la religión andina, poniendo los dioses tutelares, como son el inti, sol y la killa, luna, en la parte inferior los personajes de la religión católica, si es que la familia es ganadera corresponderá a San Juan Bautista, significando que es del ayllu qollana, y si es ganadero será la Virgen de la Asunción, del ayllu de los naturales, en los demás espacios se pintarán las escenas cotidianas que corresponde al padre y a la madre y también a las personas que han ayudado a construir la casa, algunas veces agregan breves textos que explican la construcción de la casa

Lo importante es ¿Desde cuándo se sabe en Lima sobre las Tablas de Sarhua?, según el Dr. Pablo Macera que las primeras noticias que se tuvieron de ellas fue difundida en la Universidad de San Marcos por un alumno ayacuchano en 1945, durante una clase del historiador Raúl Porras Barrenechea. A partir de esa información, Porras estableció una relación entre las tablas de Sarhua y los kipus y las qellcas precolombinas, que eran formas de registro informativo incas. La otra fecha que fue más difundida fue por la acción del sarhuino Primitivo Evanán Poma, que es el mejor difusor y magnífico promotor, que luego se convirtió en pintor, es debido a él es que se inauguró la primera exposición en Lima en la Galería «Wamanqaqa», en el Jirón de La Unión, el año 1975, esa fue la primera vez que el público limeño pudo apreciar esta importante manifestación artística; desde esa fecha la difusión fue mas prolífica.

Sarhua es la capital de uno de los doce distritos de la provincia de Víctor Fajardo en Ayacucho. Es un pueblo cuya gente se dedicaba exclusivamente a la agricultura y a la ganadería, la que ha cambiado porque uno de sus ingresos importantes lo conforman las obras de artesanía que producen.

La acción de Evanán ha significado un cambio rotundo para su pueblo y muchos de sus paisanos.



Viga de Sarhua. Pintura sobre madera. Siglo XX. Sarhua, Ayacucho. Foto: Roberto Villegas R.



La investigación de Sarhua continúa como en el caso de la historiadora del arte Sirley Ríos manifiesta que el proceso de elaboración de las tablas se ha ido modificando con el tiempo, así como su función. Antiguamente se elaboraban con las maderas de la zona como el pati, aliso o eucalipto y se pintaban con tierras de colores. Los pigmentos se extraían de los tintes de las plantas. Posteriormente reutilizaron anilinas compradas en las ciudades o ferias rurales y en la actualidad de utiliza las témperas. Los lápices se confeccionaban de palitos quemados de sauce que dan el color negro. Inclusive se usaban las plumas de las gallinas.

Después de cortar la madera y alisarla, se hace una mezcla con cola y yeso hasta obtener una pasta blanca con la que enluce la cara que se va a pintar. Luego se realizan los primeros dibujos en color negro y se comienza a pintar las imágenes. Las vigas presentan una división por recuadros, cuya lectura visual es de abajo – arriba. En la parte inferior va una dedicatoria o recuerdo del compadre y luego la imagen de la Virgen de la Asunción o San Juan Bautista, santos patrones de Sarhua. Después se dibujan a los dueños de casa representados en toda su actividad, sus costumbres, vestidos, oficios y animales. Luego aparecen los familiares de los dueños de casa en sus diferentes actividades particulares junto a sus animales, después muchachas y cargadores de chicha. Al final, en la parte superior aparece el inti (sol) a la derecha y killa (luna) a la izquierda, con un fondo de cerros tutelares o apus. Las separaciones de los recuadros son cintas o grecas de flores domésticas y silvestres, figuras geométricas, estrellas o la representación abstracta de laguna. Estas separaciones tienen una carga simbólica en el pueblo. Las grecas son muy variadas y esto se debe a que, en el pueblo, son consideradas como la evocación del wamani (protector) de cada una de las familias que se representan en las tablas.




(*) El artículo fue escrito en 2015 y fue leído el Día del Artesano en Ayacucho celebrado en marzo de 2016.

(**) Investigador de arte popular tradicional de Perú, crítico de arte y pintor. Entre sus libros destaca Artesanías peruanas (Lima, 2001).








martes, 5 de febrero de 2013

Historia y memoria: Las pinturas de Sarhua


1. Porfirio Ramos Yanamé e hija, Marlene Ramos Romani. Fotografía: Cecilia Raffo. 2004. Fuente: http://hemi.nyu.edu/cuaderno/sarhua/Photogallery/los%20pintores%20web/pages/DSC02641_jpg.htm


2. Marcial Berrocal Evanán. Fotografía: Cecilia Raffo. 2004.  Fuente: http://hemi.nyu.edu/cuaderno/sarhua/Photogallery/los%20pintores%20web/pages/marcial_jpg.htm


3. Misael Contreras Yucra y esposa. Fotografía: Mateo Millones. 2003. Fuente: http://hemi.nyu.edu/cuaderno/sarhua/Photogallery/los%20pintores%20web/pages/0132_jpg.htm


4. Las vigas ceremoniales constituyen el regalo formal de los compadres a quienes construyen una casa nueva (material maguey). Fotografía: Mateo Millones. 2003. Fuente: http://hemi.nyu.edu/cuaderno/sarhua/Photogallery/las%20tablas%20web/pages/0124_jpg.htm


5. Tabla “Ronday”. Esta serie de tablas son motivos de la comunidad basadas en la experiencia de los años 70, del cambio de la viga ceremonial a la tabla comercial. Fotografía: Mateo Millones. 2003. Fuente:



6. Tabla “Apu Suyos”. Esta serie de tablas son motivos de la comunidad basadas en la experiencia de los años 70, del cambio de la viga ceremonial a la tabla comercial. Fotografía: Mateo Millones. 2003. Fuente: http://hemi.nyu.edu/cuaderno/sarhua/Photogallery/las%20tablas%20web/pages/Apu-Suyos_jpg.htm




Por Luis Millones (Universidad Nacional Mayor de San Marcos)
 

1- Introducción

Hacia el año 1350 los incas establecieron los límites del Tahuantinsuyo sobreponiéndose a los estados, confederaciones de ayllus y comunidades libres que poblaban su territorio. La relación de los miembros recientes o antiguos con el gobierno central del Cuzco parece haber sido desigual, en algunos casos se ocupó sus tierras y se exterminó o dispersó a sus habitantes, pero fue más frecuente exigir un compromiso o mañay, por el que los nuevos sujetos intercambiaban su trabajo o los productos del mismo, para recibir bienes simbólicos e integrarse en una alianza desigual.

En cualquier caso, fue necesario unir los nuevos territorios a la red de caminos imperiales, construir un templo al Sol, dios supremo de los incas y ligar su fuerza de trabajo a los tambos, a través del servicio por turnos, (mita) de los hombres o de las mujeres (acllas). Pero también fue imprescindible adoptar formas estéticas incaicas, que hoy son testimonio de su presencia.

Es así como se divulgan las formas austeras de decoración geométrica, sobre todo en su arquitectura y su cerámica, muy lejos de los refinamientos a los que llegaron los artistas de las culturas pasadas como la nazca o moche, cuyos colores y formas fueron dejados de lado. Justamente, nos interesa recordar que los moches y mochicas alcanzaron altos niveles de perfección al reproducir la figura humana, y que sus “huacos –retrato” son un ejemplo en el arte de copiar la faz de hombres y mujeres. Para la zona que nos interesa (Ayacucho), conviene resaltar que tampoco los incas mantuvieron la calidad de los enormes cántaros ceremoniales de los waris, pintados de colores, ni la belleza de la cerámica de Qonchopata, que debió ceder ante la severa estática de los señores del Cuzco.

Estas formas son las que encontrarán los miembros de la hueste española. Esto no quiere decir que los incas no conocieron las habilidades de sus vasallos: orfebres y ceramistas de distintas partes del imperio fueron llevados al Cuzco para deleite de la clase gobernante. Pero se trata de una presencia mínima. La estética incaica era el sello de su condición dominante y se extendió creando lo que los arqueólogos llaman “horizonte tardío”, que tiene, entre otras, esas características.

Lo dicho no significa que existiese alguna forma de persecución de las imágenes, a la manera en que se desarrolló en la Europa después de Lutero, y que desencadenó el motivo antropomorfo en la pintura y escultura piadosas de los países católicos. Hay suficientes ejemplos en el arte incaico de que se usó la imagen humana o humanoide para la representación divina aunque su cantidad, o al menos la que hasta ahora se conoce sigue siendo muy pobre. Sin embargo, hay alguna mención de que Punchau, el sol del amanecer, estaba esculpido en oro, en forma de niño pequeño. También se habla de la decoración del templo de Poquecancha en el Cuzco, y todavía no se encuentran los dibujos que mandó hacer el virrey Francisco de Toledo a pintores indígenas para enviarlos a la corte española. Aun con ellos, o con la estatua de piedra de Viracocha en Cancha; o de Illapa, si es cierto lo que dice el cronista Inca Garcilazo, es difícil hacer un recuento numeroso de representaciones antropomorfas de los incas. Por el contrario, los invasores europeos, viviendo la fiebre del Renacimiento y la urgencia de la Contrarreforma, inundaron sus tempos en América de cuadros y estatuas de santos, vírgenes, cristos, todos ellos de forma humana.

Pintar o esculpir una imagen que luego se podrá consagrar, era uno de los mandatos de la evangelización. Ante la imposibilidad de dirigirse a un auditorio que no hablaba español, y con un número muy reducido de sacerdotes, la utilidad de las estatuas, cuadros, murales, etc., en el proceso de cristianizar era indispensable. No hay rincón en las Américas hispánicas en que falten las iglesias y con ellas, los objetos mencionados. Justamente Huamanga, capital del actual departamento de Ayacucho es célebre por el volumen de templos y capillas. Sus modelos arquitectónicos y decoración responden a las tradiciones artísticas de Europa ya mencionadas, y sobre todo al Barroco, que las sucedió y que en cierta forma se repite hasta nuestros días. A dichas iglesias acudían y acuden los campesinos, a prestar respeto a las imágenes que llegaron desde el siglo XVI, aunque su percepción de las mismas sea bastante lejana del dogma católico.

Es interesante recalcar que desde un primer momento fue necesario enseñar a los indígenas a pintar y esculpir figuras sacras. Hacia el siglo XVII, ya se habían consolidado como profesionales de estas artes, e incluso, habían nacido corrientes definidas como escuelas en Quito y Cuzco, donde las imágenes cristianas recibían tratamientos y decoraciones en las que se puede percibir la mano del artista nativo. Debió, entonces, ser inevitable que para uso cotidiano, estos artistas desarrollaran sus actividades, a pedido no sólo de la iglesia local, sino también de particulares o de gremios o comunidades no religiosas, pero que sentían la necesidad de contar con las imágenes.


2- Sarhua

El distrito de Sarhua es parte de la provincia de Víctor Fajardo, en el departamento de Ayacucho, en la sierra centro-sur del Perú. Se encuentra al borde del río Pampas, que divide Ayacucho, aproximadamente en dos mitades (norte y sur), su ubicación, en la ladera de un cerro, a más de tres mil metros de altura, la aísla de las rutas transitadas por la gente de Cangallo o Huamanga. Además, la manera menos difícil de alcanzar el poblado es cruzando el Pampas, y eso puede hacerse a través de un puente muy deteriorado o bien vadeando el río durante la temporada seca, entre julio y septiembre, cuando tiene poco caudal y sólo un automóvil todo terreno puede arriesgarse a hacerlo.

Dado que no existe un censo nacional desde 1993, tenemos que atenernos a las cifras que nos ofrece la municipalidad del lugar. Son unas 80 casas las que componen la zona construida de Sarhua, los residentes permanentes apenas superan el millar. El número de habitantes es difícil de precisas, porque no menos de un tercio de la población joven y adulta, para largas temporadas en las alturas trabajando en sus cultivos o cuidando ganado. Por otra parte, no son muchos los incentivos que ofrece el centro urbano, uno de ellos es la escuela (primaria y secundaria) donde a los niños de 1° al 6° grado se les provee de desayuno gratuito. Lo que hacer frecuente que los padres o más bien sus abuelos (los padres suelen estar en el campo) los lleven para que reciban los alimentos y la instrucción es dejada de lado. Como tal incentivo no existe para los niños mayores, el ausentismo es notable, los padres prefieren que trabajen a su lado, en el proceso agrícola o el pastoreo de vacas, ovejas o cabras. Quienes en algún momento rechazan este género de vida, migrarán a Huamanga o Cangallo, o incluso a Ica, sobre la costa del Pacífico, pero las opciones laborales son mínimas, también para los pocos que llegan a al capital.

No hay labores rentadas en Sarhua. Incluso cuando la municipalidad emprende tareas de edificación, lo que sucede en pocas ocasiones, prefiere contratar a empresas que viajan con su propio personal obrero o que se encargan de contratarlos fuera de Sarhua, buscando equipos de construcción con cierta experiencia para acelerar el trabajo. Tampoco hay mucho dinero circulante al interior del distrito, lo usual es que los sarhuinos intercambien productos usando patrones tradicionales para establecer el calor de los objetos vegetales o animales en las transacciones.

Fuera del contexto urbano, la autoridad está en manos del Presidente de la Comunidad, que rige sobre las acciones de pastores y agricultores. En realidad, no hay diferencias entre quienes realizan cualquiera de estas dos actividades, ya que cada comunero posee un pequeño campo de cultivo y algunas piezas de ganado. Los espacios no están marcados en términos occidentales, pero los comuneros saben definir los límites de sus propiedades (terrenos y animales) aunque a los ojos de un visitante se vean entremezclados. Un cierto número (entre 6-10) de varayocs (personas que poseen al bastón o vara de autoridad) acompaña al presidente en el gobierno de la comunidad. Sólo pueden ser elegidos dentro del grupo de comuneros que ha cumplió todos los "cargos" (responsabilidades) que se exige a un sarhuino, desde que es niño hasta cuando se casa y se convierte en persona de respeto.

Sólo en el centro urbano puede escucharse hablar español, fuera de esta área, el único idioma es el quechua. Las ropas que se usan a diario son las tradicionales de la región, los niños la cambian por el uniforme del colegio apenas en horas de clase. Hay un solo teléfono público (“comunitario”) que lo conecta con el exterior, que se encuentra en el interior de la bodega mejor surtida del pueblo, a un costado de la plaza de armas. El alumbrado eléctrico se reduce al perímetro de la plaza, aunque se pueden hacer conexiones válidas en caso todas las casas del centro de Sarhua, lo que no es posible en las que se han construido en las colinas o cerros que la rodean. Hay pilones de agua en muchas de las casas, pero no hay desagües, lo que convierte al poblado en un lugar de contaminación permanente. Las enfermedades registradas en el precario centro de salud son relacionadas con el aparato digestivo y respiratorio. La mortalidad infantil debe ser alta, pero no hay documentación fidedigna sobre sus cifras.

Al momento de nuestro último trabajo de campo (2004), la municipalidad de Sarhua tenía muy poco apoyo de las autoridades provinciales o regionales, lo que podría explicarse por la militancia del alcalde, ajena a los partidos políticos que controlaban los cargos de alcalde departamental y presidente regional. Conviene agregar que si bien para el contexto provincial o departamental, el cargo de alcalde tiene una cierta representatividad, para la vida cotidiana de Sarhua, es el presidente de la comunidad y los warayoqs quienes ejercen una autoridad reconocida, incluso el alcalde debe contar con ellos, cuando quiere que sus medidas o edictos salgan más allá de su oficina.


3- Los pintores y las tablas

Cada vez que una pareja decide establecerse coma familia, construye una casa y los compadres de tal acontecimiento deben refalarle una “tabla”. La palabra es española, pero en este caso se aplica a una viga hecha de maguey, lisa en una de sus caras, que se cubrirá con dibujos; la otra cara puede no estar trabajada. La “tabla” es de un tamaño promedio de dos metros veinte centímetros de largo por veinte de ancho. La cara lisa es la que está pintada con una base de color blanco amarillento, sobre la que se dibujan, en porciones cuadradas, escenas de la vida campestre. Cada escena tiene como personaje central (o único) a determinado miembro de las familias de quienes construyen la casa, en actitud característica (si es bailarín, se le dibuja bailando; si es pastor, con sus ovejas, etc.) de tal suerte que sea reconocible, además de su actitud, por el ambiente, personas, animales u objetos que lo rodean.

Estas vigas ceremoniales se colocan en la parte interna del techo de la casa, de tal forma que sean visibles desde interior del hogar y sus personajes evoquen a quienes (vivos o muertos) fueron parte de la familia extensa. El rectángulo superior de la “tabla” suele llevar el dibujo del sol, con facciones humanas, en la mayoría de casos; el último lleva la imagen de la Virgen de la Asunción o de San Juan, patrones del pueblo. Entre ambos hay sietes u ocho espacios donde se pinta a los personajes mencionados.

En 1970 se llevaron, por primera vez, estas “tablas” a Lima. Hacerlo era seguir las tendencias marcadas por el Gobierno revolucionario de la Fuerza Armada, como tituló el general Juan Velasco Alvarado a su golpe de estado, con el que controló al país durante siete años. Un esfuerzo positivo fue el intento de acercamiento entre la capital y las provincias a través de su producción cultural. Fue entonces cuando llegaron a Lima, desde la lejanísima Sarhua, estas “tablas” pintadas. Los promotores fueron dos antropólogos y una galería de arte popular y aparte de mostrar al público limeño el trabajo de los pintores su propósito era comercializar las “tablas”. El obvio inconveniente fue su tamaño, así que se decidió fragmentarlas en cuadros rectangulares usando como límites cada una de las escenas campestres. Al hacerlo, cada “tabla” pequeña cobraba identidad propia y se perdía la función ceremonial de la viga hogareña. Al público comprador de la nueva “tabla”, le interesaba el carácter ingenuo de los dibujos y las ceremonias, fiestas y actividades comunales retratadas por los pintores de Sarhua. Fue entonces cuando se decidió crear alrededor de treinta motivos a ser ilustrados en las nuevas “tablas”, tomándolos de las escenas que pertenecían a las vigas ceremoniales, y al mismo tiempo de la realidad cotidiana de Sarhua. Lo que incluye al mundo sobrenatural que rodea la vida comunal, y que es parte indisociable de su quehacer.

Los pintores que llegaron a Lima, como caso todo el pueblo, estaban emparentados entre sí, y se puede hablar de tres núcleos familiares que emprendieron la aventura, lo que hoy día, treinta años después, conforman algo más de dos decenas de personas que se han radicado en Lima. Si hubo una relación fluida con Sarhua y sus familiares que allí quedaron hoy es esporádica y tenue. La segunda generación de aquellos migrantes ya es limeña, casi ninguno habla quechua y sólo conocen al pueblo por boca de sus padres. En esta situación ha sido importante el proceso de guerra interna que vivió el Perú de 1980 a 1993, protagonizada por Sendero Luminoso. Durante este periodo, el trayecto entre Lima y Ayacucho estaba vedado por las fuerzas armadas y había sido declarada zona de emergencia. Los militantes de Sendero exigieron por la fuerza la lealtad de los comuneros de muchas partes de Ayacucho y provocaron masacres que las Fuerzas Armadas combatieron con rigor, haciendo que las poblaciones civiles sean las víctimas inermes de tal enfrentamiento. Se ha calculado en sesenta mil el número de muertos y desparecidos, y aunque los responsables están en prisión, nadie podrá devolver la tranquilidad a quienes sufrieron pérdidas de parientes y propiedades. Desarraigados de su fuente de inspiración, los pintores sarhuinos en Lima, siguieron dibujando los modelos tradicionales, a los que agregaron su visión particular de la aparición de Sendero en las comunidades andinas, y la represión dirigida por las fuerzas armadas.

Hay que aclarar que a pesar de que Ayacucho fue el departamento que sumó casi el 70% de las víctimas, en la memoria actual del pueblo de Sarhua sólo figura una veintena de las mismas, lo que incluye a un alcalde y un terrateniente alcalde de la década de los años ochenta. En todo caso, no hay migraciones de familiares de pintores posterior a la primera oleadas que se formó durante el gobierno de Velasco. Lo que también se explica por la poca demanda presente de motivos sarhuinos. Durante los primeros años aparecieron no sólo en las “tablas”, sino también en calendarios, álbumes de fotografías, libros de divulgación, textos escolares y universitarios. El tema ha sido sobre explotados y la novedad se ha perdido. En el taller más conocido de los pintores radicados en Lima, se conservan treinta o algo más de los diseños originales, aquellos que se fraccionaron de las vigas ceremoniales. Pero no los tienen en exhibición, los calcan de papeles y solo pintan las “tablas” a pedido expreso de los pocos clientes que aparecen de vez en cuando. Son otros los quehaceres de ADPAS (siglas de la asociación de pintores sarhuinos) que mantienen el taller. Hace tres o cuatro años, un empresario les pidió un crecido número de pequeños adornos con la cara de Frida Kahlo, en otra oportunidad fueron las “gordas” del pintor colombiano Botero las que llenaron el taller, y lo mismo sucedió cuando copiaron a las “chicas” del dibujante peruanos Vargas. En un rincón siguen aguardando su renacimiento los dibujos y las “tablas” (en blanco) del pueblo de origen.

En Sarhua aun se hacen las vigas ceremoniales, pero no son el resultado de ninguna labor profesional a tiempo completo. Como en el pasado, los tres o cuatro pintores que viven allí se dedican a sus parcelas de tierra y su ganado, y pasan gran parte de la semana en las alturas. Sólo cuando bajan al pueblo, abre su taller y realizan tareas de carpintería y objetos ceremoniales para la comunidad (bastones o varas para los warayoqs) o para la iglesia (reparación de los altares, estatuas, repintado de los cuadros y murales, etc.) también hacen algunos objetos que pueden interesar a los turistas, que envían de vez en cuando a Lima a los artesanos radicados allí, pero no hacen las “tablas” nuevas recreadas en la capital, por el contrario, se presenta la ocasión y se construye una casa, están listos para cortar el maguey y dibujar y pintar la viga ceremonial, aunque la tradición ha perdido fuerza.


4- Historia y memoria

El taller de ADAPS hace algunos años recibió el apoyo de una ONG suiza que les pidió que narrasen la historia de su llegada a Lima en cuadros grandes, de un metro y veinte centímetros de largo por un metro de ancho, como promedio. Hicieron alrededor de diez para satisfacer el pedido, y conservaron copias y algunos originales para una venta posterior, que no se ha producido, y tampoco los exhiben.

Si se suman estos dibujos (sarhuinos huyendo de su tierra, dificultades para llegar a la capital, los problemas de establecerse en Lima, etc.) al retrato del pueblo en tiempos pre-Sendero y a las “tablas” en las que pintan los sufrimientos de la guerra interna, tenemos una “historia” más o menos lineal desde los felices tiempos de la vida comunal hasta la problemática situación de desarraigo en el territorio capitalino.

Podemos ir aun más atrás, hace ya muchos años, entre la famosa treintena de diseñada por el maestro Víctor Yucra (que vino en los años setenta), se pintaron los cuadros “El origen del hombre” y “El fin del mundo”. Curiosamente, en una cronología cosmogónica, “El origen...” es posterior, ya que el otro cuadro se refiere al final de la humanidad que precedió a la presente. Como puede verse en las ilustraciones, cada cuadro de estas colecciones tiene un pequeño texto que lo explica, pensando en el comprador peruano o extranjero, pero ajeno a sus tradiciones. La figura y las palabras componen el discurso que puede ser leído como etnografía, pero el total de las colecciones en sus tres momentos (los de la década del setenta, los originados por la violencia, los que describen la migración) también podría verse como la historia de quienes salieron de Sarhua y se insertaron en Lima.

La duda más seria que asaltó a quienes hacíamos este estudio, fue si los habitantes actuales del pueblo ayacuchano se veían retratados en las pinturas de sus antiguos vecinos. Fue necesario entonces, llevar fotografías de tamaño natural de las “tablas” limeñas y entrevistar a los sarhuinos con respecto a ellas. El resultado llevaría varios volúmenes y ya ha sido objeto de varios trabajos más específicos que el presente. En todo caso vales la pena decir que la versión capitalina fue revalidada por los pintores del pueblo, aunque ellos y varios de los notables nos hicieron la salvedad de que en más de un caso se trataba de costumbres antiguas, caídas en desuso. “Ahora se ha perdido la moral” nos dijeron con respecto al comportamiento de los jóvenes, y también miraron con tristeza la representación de las fiestas religiosas, dado que el sacerdote encargado de Sarhua no reside allí y sólo llega dos o tres veces al año. Incluso faltó a la fiesta patronal en la que estuvimos presentes.

Para los pintores de ADAPS (localizados ahora en el distrito de Chorrillos) su ingreso a la capital y al mundo comercial en que se mueven las llamadas “artesanías”, los forzó a construir la historia de su propia aventura. Su cadena de recuerdos que arranca con el mito de “El fin del mundo”, concluye con la vida dolorosa en la capital. El relato ha terminado porque no les es posible dar un paso más como sarhuinos, lo que sigue es ser “pinceles de alquiler”, cualquiera que sea el motivo que pueda ser rentable. Para los resientes en Sarhua, las pinturas de sus paisanos son correctas en tanto describen el universo cotidiano, pero si transmiten una actividad o un personaje que no es vigente, reparan de inmediato, porque la función de las “tablas” (al igual que las vigas ceremoniales) la interpretan como el testimonio de una tradición presente, sin otra continuidad que la que se establecía entre quienes aparecían en las “tablas” grandes colocadas en el techo (padres, hermanos, abuelos, tíos) y la pareja y sus hijos, que los verían retratados todos los días de su vida. Su función era establecer quiénes eran los seres queridos al momento de constituirse en residentes formales del pueblo. La relación de personas y actitudes que se entregaba al pintor indicaba a su vez, las obligaciones de ayuda mutua e intercambio de favores con quienes habían colaborado para que la pareja (y sus hijos) se establezcan bajo techo propio. Más que historia familiar (aunque quizá alguna vez podría ser usada como tal) la “tabla” tradicional era el recuento y memoria de los derechos y obligaciones contraídas con personas determinadas, que además tenía al sol y al santo o virgen patronos como testigo.

Las “tablas” modernas son una invención limeña. Nacidas al calor de una iniciativa gubernamental y del comercio artesanal, terminó rehaciendo sus motivos ye involucrando a todo el pueblo en el recuerdo de los pintores viajeros. Las “tablas” tradicionales más antiguas tienen fechados del siglo XIX y resulta claro que se hicieron con las técnicas y no pocos motivos de la iglesia de Sarhua, que está colmada de decoraciones barrocas. Es interesante notar la creciente migración de jóvenes, a pesar de lo poco que ofrecen en la capital del departamento, Lima u otras ciudades. Es posible que la diáspora en esa edad sea una de las causas de que la costumbre de colocar las vigas ceremoniales vaya decayendo. La moralidad en peligro a la que aluden nuestros informantes (jóvenes de ambos sexos alternando en las calles, presencia de una iglesia protestante, etc.) alude también al abandono del pueblo por quienes llegan a al edad más productiva y dejan sin relevo a las generaciones mayores. No parece lejano el día en que las vigas ceremoniales, las “verdaderas tablas” dejen de hacerse. Aunque su recuerdo persistirá, porque las ceremonias en que participaban: los actos de pedirlas, de pintarlas, de acarrearlas por Sarhua y de colocarlas en la casa recién construida, han sido registrados por los nostálgicos pintores migrantes. La costumbre que muere ya es un documento de nuestra historia.


* La información que nutre el presente trabajo fue recogida en los años 2001, 2003, y 2004. El autor agradece a las autoridades del pueblo de Sarhua, al taller de ADAPS y a la Universidad Nacional de San Cristóbal de Huamanga por su total cooperación.


Bibliografía complementaria

Millones, Luis (1987). Historia y poder en los Andes centrales. Madrid: Alianza Universitaria.
Millones, Luis (1997). El culto a las imágenes sagradas. Religiosidad popular en el Norte del Perú. En Antonio Garrido (comp.): Pensar América. Cosmovisión Mesoamericana y Andina, pp. 311- 331. Córdoba: Universidad de Córdoba.
Millones, Luis (1998). De la evangelización colonial a la religiosidad popular peruana. El culto a las imágenes. Sevilla: Fundación El Monte.
Millones, Luis; Tomoeda, Hiroyasu; y Fujii, Tatsuhiko (2003). Tradición popular. Arte y religión de los pueblos del norte del Perú. Osaka, Japón: Museo Nacional de Etnología.



Fuente:



viernes, 27 de julio de 2012

Las Tablas de Sarhua en Ruraq Maki (noticia)




Fotografías (de arriba-abajo): Archivo Ministerio de Cultura de Perú. 2012.



Don Primitivo Evanán Poma (68) recuerda que cuando era un niño de seis años observó a sus padres dibujar figuras humanas a lo largo de un tronco silvestre para obsequiar a una pareja de amigos que construían su casa. Ese tronco silvestre es una Tabla de Sarhua. Una de las más interesantes manifestaciones artísticas del ande peruano. Y está presente en Ruraq Maki, hecho a mano, en el Ministerio de Cultura.

El origen de las Tablas de Sarhua se pierde en los confines del tiempo. No hay historiador o antropólogo que haya encontrado su raíz. Es una tradición que se resiste a morir. Don Primitivo afirma que obsequiar una Tabla de Sarhua a quien construye una casa es el sincero deseo de felicidad y prosperidad.

Nos la describe: Las firmas de los obsequiantes están abajo, a partir de allí se dibujan (en colores naturales y con la ayuda de una pluma de ave) las fisonomías de los esposos, los hijos, los abuelos, los amigos, luego viene la imagen de la Virgen de la Asunción, los usos y costumbres, los mitos, la cosmovisión de un pueblo, y arriba, como una corona, los apus y el sol. Todo, en una sola pieza de tronco rústico, o cedro, de dos metros, más o menos.

Los donantes son los compadres de la pareja que construye su casa. También obsequian materiales de construcción y alimentos (una merienda compuesta de trigo o de quinua, con quesillo y carne de res), llevan música, chicha de jora. Se organiza una fiesta. Una de las muchas que don Primitivo ha vivido desde su niñez. Y allí aprendió.

Don Primitivo recuerda: “En la década del setenta dejé Sarhua (distrito de la provincia de Víctor fajardo, a 125 kilómetros de Huamanga) y llegué a Lima. El señor Pablo Macera se enteró de este arte y me convenció de continuar con la tradición”. La investigación de sus orígenes está pendiente. Pero don Primitivo nos informa que por su comunidad pasó el cronista indígena Felipe Guamán Poma de Ayala, y es muy posible que “haya dejado su enseñanza”.

Don Primitivo y las Tablas de Sarhua forman parte de la exposición Ruraq Maki, Hecho a mano, en la sala Nasca del Ministerio de Cultura. Hasta el próximo 29 de julio.

lunes, 11 de junio de 2012

La tablas pintadas de Sarhua: Pompeyo Berrocal Evanán



Fotografías (de arriba-abajo)
1. Tablas de Sarhua en la vitrina cultural. Fotografía: Marcela Olivas. Archivo Universidad del Pacífico. 2. Pompeyo Berrocal.

TABLAS PINTADAS DE SARHUA
Exposición en la vitrina cultural de la Universidad del Pacífico
Marzo-abril, 2012


Por Marcela Olivas Weston


“Yo nací el 14 de diciembre de 1961 en el pueblo de Sarhua, provincia de Víctor Fajardo, región de Ayacucho. Sarhua es un pueblo donde hay muchos artistas en pintura, música y costura. Yo vivía en la casa de mis abuelos, que era una casa grande donde había tres grandes tablas pintadas con personas y animales del pueblo; me gustaba ver esas tablas cuando regresaba del colegio”.

“Desde 1978 yo viajaba a Lima dos o tres veces al año para trabajar porque en Sarhua no hay trabajo, el único sustento es la agricultura. Empecé a trabajar las tablas de Sarhua en Lima, aprendí de mi tío Primitivo Evanán. Él es el principal promotor de este antiguo arte. Estoy permanentemente en Lima desde el año 1990. Conseguí un puesto en la Feria de Miraflores y allí empecé a vender lo que producía, no sólo pintura sino también trajes típicos de Sarhua, como el poncho y las polleras que mi abuelo me enseñó a hacer. Hago piezas tradicionales y también escucho a los clientes que me sugieren ideas”.

De acuerdo al investigador Alfredo Alberdi, las tablas de Sarhua son un arte tradicional de pintar y dibujar sobre tablas, en una ceremonia estrechamente ligada a la construcción de la casa y que posiblemente tienen reminiscencias con la actividad prehispánica de registrar la historia de las familias o ayllus. Las tablas se pintan por encargo de los padrinos durante la construcción de la casa y da origen a la ceremonia llamada “tabla apaykuy” (procesión de las tablas pintadas) donde participan los familiares y padrinos. Además, si luego se desea ampliar la casa, hacer una reconstrucción, o renovar el techo se adjuntan nuevas tablas, al lado de la viga principal “maman qero”, para que los agasajen con nuevas tablas manteniendo las antiguas como conservadoras del hogar y que aseguren reconocer la secuencia familiar, la genealogía del linaje (ayllu), pues allí están pintados los padres, abuelos, padrinos, hermanos, tíos y toda la parentela extensa.

Los artistas populares de Sarhua han pintado tablas relatando la creación del hombre andino, sus dioses protectores, sus festividades, sus mitos, sus costumbres, el ciclo agrícola, la ganadería y hasta los sucesos de la violencia de Sendero Luminoso. Es un arte autóctono y testimonial y las tablas se constituyen en una crónica dibujada y pintada y relatada desde la visión de los comuneros. Estas tablas ceremoniales o genealógicas han dado origen a las tablas modernas difundidas como “artesanía”.

Por otro lado, la historiadora Sirley Ríos manifiesta que el proceso de elaboración de las tablas se ha ido modificando con el tiempo, así como su función. Antiguamente se elaboraban con las maderas de la zona como el pati, aliso o eucalipto y se pintaban con tierras de colores. Los pigmentos se extraían de los tintes de las plantas. Posteriormente reutilizaron anilinas compradas en las ciudades o ferias rurales y en la actualidad de utiliza las témperas. Los lápices se confeccionaban de palitos quemados de sauce o dan el color negro. Inclusive se usaban los cañones de plumas de las gallinas.

Después de cortar la madera y alisarla, se hace una mezcla con cola y yeso hasta obtener una pasta blanca con la que enluce la cara que se va a pintar. Luego se realizan los primeros dibujos en color negro y se comienza a pintar las imágenes. Las vigas presentan una división por recuadros, cuya lectura visual es de abajo – arriba. En la parte inferior va una dedicatoria o recuerdo del compadre y luego la imagen de la Virgen de la Asunción o San Juan Bautista, santos patrones de Sarhua. Después se dibujan a los dueños de casa representados en toda su actividad, sus costumbres, vestidos, oficios y animales. Luego aparecen los familiares de los dueños de casa en sus diferentes actividades particulares junto a sus animales, después muchachas y cargadores de chicha. Al final, en la parte superior aparece el Inti (sol) a la derecha y killa (luna) a la izquierda, con un fondo de cerros tutelares o Apus. Las separaciones de los recuadros son cintas o grecas de flores domésticas y silvestres, figuras geométricas, estrellas o la representación abstracta de laguna. Estas separaciones tienen una carga simbólica en el pueblo. Las grecas son muy variadas y esto se debe a que, en el pueblo, son consideradas como la evocación del wamani (protector) de cada una de las familias que se representan en las tablas.

Las actuales tablas de Sarhua surgen en el ámbito urbano de Lima, por iniciativa de dos migrantes sarhuinos: Primitivo Evanán Poma y Víctor Sebastián Yucra y son consideradas ‘hijas migrantes’ de las vigas tradicionales. Las presentan con títulos y textos telegráficos en español, quechua o una mezcla de ambos (quechuañol), a modo de explicación de la escena. Son portátiles, de formato pequeño debido a los requerimientos de una clientela nueva y diferente como el limeño y el extranjero. La temática que continúan abordando en sus pinturas es de carácter etnográfico y también los sucesos y transformaciones más importantes en la comunidad.

El mérito de los pintores de Sarhua residentes en Lima como Pompeyo Berrocal Evanán que ha recibido el Premio a la Excelencia de la UNESCO, ha participado en la expo-feria Ruraq-Maqui del Ministerio de Cultura y en talleres y clases maestras organizados por el Ministerio de Educación, es haber continuado con esta tradición pictórica y ser fiel a su mundo cromático, ala organización espacial y a la exposición de la vida diaria sarhuina, además de transportar en imágenes el profundo significado de la vida comunitaria en los Andes.

En ésta exposición se exhiben tablas pintadas con temas sobre La familia genealógica, El enamoramiento, El matrimonio, El vendedor de trucha, El cuento Nahuan Condor, El Proceso de tejer, Dando a luz, El Curandero y Las papas.


CONTACTO/ PEDIDOS:
Pompeyo Berrocal Evanán. Av. Petit Thouars 5245 Stand 117 - Miraflores, Lima.
Av. Cordillera Negra, Mz. D 5, lote 8 A, Las Delicias de Villa, 1ª zona Chorrillos - Chorrillos, Lima.
Celular: 993423684.
sarhua@gmail.com
http://pompeyoberrocal.com/

Lima, 27 de marzo de 2012