martes, 7 de mayo de 2013

Julio Gálvez Ramos: Domador de piedras de Huamanga (*)






Por Elida Vega


Como muchos "maestros" ayacuchanos, don Julio nació con una inigualable habilidad artística entre sus manos. Prueba de ello, se refleja en la estrecha relación que desde pequeño mantiene con las piedras de Huamanga, cuya dureza se transforma en "docilidad" cuando decide tocarlas y tallar en ellas, como por arte de magia, inimaginables figuras y personajes.

Si hay alguien que puede distinguir y diferenciar "al ojo" la calidad entre los muchos tipos de piedra de Huamanga que existen, trabajarla con mucho esmero y con sumo cuidado, además de proyectar creatividad en cada uno de los diseños que esculpe, ese es el maestro Julio Gálvez Ramos, máximo representante del tallado en piedra en Santa Ana, barrio ayacuchano que no solo es cuna de tejedores sino también de talladores.

Llegar a Santa Ana, cuna de la artesanía ayacuchana, no es cosa difícil, sobre todo porque escasos minutos la separan de su capital, Huamanga. Precisamente, su cercanía a la ciudad fue lo que nos impulsó en la búsqueda de quien según comentaban las buenas lenguas, es el máximo representante del tallado en piedra en la ciudad de las 33 iglesias, Ayacucho, y vaya que no se equivocaron.






SU MADRE, SU IMPULSORA

Lo encontramos en pleno descanso, pero en una muestra de humildad y caballerosidad, no dudó en abrirnos las puertas de su taller para contarnos cómo comenzó su romance con tan "dura" pareja.

Lo primero que nos aclara es que empezó desde muy pequeño, a los seis años exactamente. Y fue otro gran maestro del tallado, don Silvestre Quispe, quien cultivó en él el arte del tallado en piedra, aunque fue su madre –nos aclara– quien terminó de inclinarlo por un oficio que le significó más de un rédito en su apego por el arte.

"Regresando del mercado mi mamá se encontró una piedra de Huamanga, me levantó en la mañana, me la dio y me dijo "oye, levántate y trabaja esta piedra, tanto que dices que sabes trabajar, pero no veo nada". La miré y con un cuchillo de cocina, que ella misma afilaba en su batán, empecé a trabajarla. Tallé a mi propia madre con ojos cuadraditos, lo vendí y me alcanzó para comprar dos panes", recuerda con mucha nostalgia al recordar en esa escena a su progenitora y a sus tres hermanos.





POR TODO EL MUNDO

Con varias décadas en el oficio y con una técnica que fue perfeccionando con el correr de los años, fue reconocido en el 2,000, como Gran Maestro de la Artesanía Peruana por sus más de 50 años como artesano.

Sus trabajos no solo se lucen en los principales museos de Francia y Japón, sino que han llegado a ser valorados hasta en 6,000 dólares. ¿Un exceso? Para nada, si consideramos que todo depende de los diseños (únicos y propios), de la calidad de la piedra y de la complejidad del trabajo, que influyen directamente en el tiempo de realización. Todo un reto para las manos de este artista que desde muy pequeño soñaba con ser reconocido por el romance que lo unió desde siempre a la piedra de Huamanga.





TODO UN EXPERTO

Según nos comenta don Julio, la piedra de Huamanga, aquella que trabaja a diario junto a algunos integrantes de su familia –pues su negocio es netamente familiar– es extraída de una cantera muy grande ubicada en el anexo de Chacolla, en el distrito de Chuschi, en la provincia de Cangallo, de donde sus proveedores guardan para él los mejores ejemplares que encuentran.

Como buen conocedor del material que trabaja desde hace varias décadas, ahora puede distinguir sin ninguna complicación entre la cristalina (que es muy escasa y la más cara de todas), la blanca, la porosa y la semiporosa, que se encuentran en diferentes colores como la verdusca, la negra, la ploma, la rosada o la chispeada, todas transformadas en verdaderas creaciones artísticas por sus manos casi divinas.

"El secreto está en extraer una piedra de buena calidad. Por ello, deben ser duras como el mármol, es el primer requisito. Hace algunos años empecé a desarrollar la técnica del policromado, aplicando además el óleo y el pan de oro, los resultados han sido muy buenos y esos trabajos han recorrido los principales museos de Europa y Asia", nos cuenta lleno de orgullo.




SU MEJOR HERENCIA

Después de ganar tantos concursos y de haber sido reconocido como Gran Maestro de la Artesanía Peruana, don Julio sabe que los Gálvez, su familia, es la última gran representante de la piedra de Huamanga. Por eso, lo que más le llena de felicidad es el hecho de que sus hijos hayan decidido seguir sus pasos. Toda una recompensa para quien se ha convertido en todo un referente cuando de este material y de este arte se habla.

Y lo mejor –nos dice– es que al igual como sucedió con él, los trabajos de sus herederos han sido reconocidos tanto en el país como en el exterior. Como en el caso de su hijo Carlos, en España, o como en el caso de su hijo mayor, Edgar, cuya labor también fue reconocida en más de una oportunidad por la Escuela Superior de Bellas Artes.

Eso, como él mismo afirma, es motivo suficiente para saber que no se equivocó cuando obedeció a su madre cuando apenas tenía seis años y optó por hacer de la piedra de Huamanga, una de sus más preciadas pasiones. Pasión que demuestra en cada uno de los trabajos que realiza.

Solo basta verlo coger el cincel y apuntalar la verdusca, la negra, la ploma, la rosada o la chispeada para saber que don Julio no se equivocó al seguir los mandatos de su madre porque se convirtió en el perfecto domador de las piedras de Huamanga, labor que realiza como todo un gran maestro...


(*) Publicado originalmente el 23 de abril de 2009.  



Fuente:




viernes, 3 de mayo de 2013

La talla de piedra de Huamanga


1. Portada del libro Breve historia  gráfica de la plástica andina. Dibujos I (2001).



Por Sirley Ríos Acuña


El tallado en piedra de Huamanga es una manifestación artística característica de Ayacucho. Esta piedra es un tipo de alabastro (sulfato de cal) extraída de canteras ubicadas en los distritos de Pomabamba, Chacolla, Canchacancha y Chuschi de la provincia de Cangallo (Luján; 1987: 36, 59). Adopta la denominación quechua de niño rumi (niño de piedra) en alusión a las esculturas religiosas de niños Jesús que proliferó en la época virreinal y por su fragilidad. También es conocida como berenguela y sustituye al mármol occidental.


Al parecer, antes de la época virreinal no existió la actividad de la talla de piedra de Huamanga sino que fue con los  artistas y artesanos ibéricos que se inició en Huamanga el tallado de este alabastro, entre fines del siglo XVI y comienzos del XVII (Luján; 1987: 38). En una “relación de la ciudad de Guamanga y sus términos” escrita  en  1586,  se encuentra referencias de la existencia de canteras de piedra de Huamanga pero no de su uso (Idem). Otra  información de 1626  del cronista Bernabé Cobo da cuenta de la manufactura de esculturas con dicha piedra: “En la diócesis de Guamanga hay un gran cerro lleno de vetas de finísimo alabastro blanco como la nieve, de que se labran imágenes en bulto pequeñas, muy curiosas y estimadas dondequiera que las llevan; y es tan blanda esta piedra, que remojada en agua la labran con un cuchillo” (Núñez; 1992: 174). Aparentemente fueron los imagineros de los retablos y altares de iglesias del siglo XVI los que dieron inicio a esta manifestación artística (Luján; 1987: 40).




3. Arcángel. Piedra de Huamanga tallada. Julio Gálvez Ramos. 2007. Ayacucho. Fotografía: Sirley Ríos Acuña. 2007.


4. Pastora. Piedra de Huamanga tallada. Julio Gálvez Ramos. 2009. Ayacucho. Fotografía: Sirley Ríos Acuña. 2009.


En la evolución artística del tallado en piedra de Huamanga se presentan tres etapas. La época virreinal o de apogeo en la que predomina la temática religiosa (nacimientos, calvarios, vírgenes, cristos, santos, Niño  Jesús, etc.). Las obras se cubren con un estofado de pan de oro y se emplea la técnica de la encáustica. También existieron en menor proporción obras profanas para decorar los salones.

En el siglo XIX se produce, para algunos investigadores, la etapa de la decadencia debido al cambio de la ruta terrestre Lima-Huamanga-Cusco que al mismo tiempo generó un cambio de clientela. Pero para otros estudiosos en este período se da el auge de las artes populares, se afirma en importancia una iconografía caracterizada por temas profanos y disminución del tamaño de las esculturas. Después de la Independencia proliferaron los motivos de escudos peruanos, soldados galantes, alegorías a la Patria  y  a  la  Libertad, indígenas portando la primera bandera creada por San Martín; aparecieron temas populares costumbristas de la sociedad ayacuchana como los músicos tocando  instrumentos musicales de la región, pastores, fruteros, floristas,  nacimientos y sobre todo se desarrolló el género del retrato. La encáustica  poco  a poco se fue abandonando para dejar  las  esculturas con  el  color natural de la piedra (Núñez; 1992: 177; Luján; 1987: 55-57).


5. Nacimiento. Piedra de Huamanga tallada. Julio Gálvez Ramos. Ayacucho. Fuente: http://jenny-educandoparalavida.blogspot.com.es/2011/05/la-piedra-de-huamanga-en-ayacucho.html


6. Nacimiento en el campo. Piedra de Huamanga tallada. Julio Gálvez Ramos. 1987. Ayacucho. Fuente: http://menschenrechte.org/peru_ausstellung/bilder02.htm


7. La ejecución de Túpac Amaru. Piedra de Huamanga tallada. Cirilo Gálvez Ramos. 1988. Ayacucho. Fuente: http://menschenrechte.org/peru_ausstellung/bilder02.htm


En las primeras décadas del siglo XX esta expresión artística va decayendo en producción y calidad debido a la progresiva desaparición de los arrieros y por  tanto por la reducción del mercado. Sin embargo, no llegó a extinguirse por la intervención de los artistas indigenistas, quienes al revalorarlo crearon un nuevo mercado en las ciudades. Los nuevos consumidores fueron los  intelectuales,  amantes del arte popular, coleccionistas y turistas. Desde 1960 con la afluencia de turistas y exportaciones  artesanales  la producción aumentó. Se continuaron desarrollando los temas costumbristas y religiosas. Nacen algunos artistas innovadores incluyendo en su trabajo temas históricos y regionales como el afamado maestro don Paulino Vera Sulca. Las obras se caracterizaron por ser de reducidas dimensiones y sin policromía (Núñez; 1992:180; Luján, 1987: 51).



8. Descendimiento. Piedra de Huamanga tallada. Benjamín Pizarro. Ayacucho. Fuente: http://artesaniaspizarro2.weebly.com/produccioacuten-artiacutestica.html


9. Corrida de toros. Piedra de Huamanga tallada. Benjamín Pizarro. Ayacucho. Fuente: http://artesaniaspizarro2.weebly.com/produccioacuten-artiacutestica.html


10. Músico y acompañante. Piedra de Huamanga tallada. Ayacucho. Fuente: http://artesaniayalhaj.blogspot.com.es/2010/09/artesanias-yalhaj.html


Actualmente la producción de talla de piedra de Huamanga continúa vigente con maestros que desarrollan obras con un estilo personal y rescatan la policromía de antaño, al mismo tiempo que se dedican a la línea utilitaria y decorativa por tener mayor salida en el mercado nacional e internacional. Los escultores representativos de este arte son: Julio y Cirilo Gálvez Ramos, Samuel Allca Pacotaipe, Sergio Pillaca Merlo, Elías Curi Chipana, Benjamín Pizarro, José Gálvez Quispe, entre otros.


Bibliografía     

Luján, Flor. Artesanía en piedra de Huamanga. Lima: Seminario de Historia Rural Andina – Universidad Nacional Mayor de San Marcos, 1987.

Núñez Rebaza, Lucy. “La piedra de Huamanga”. VV.AA. Artesanía peruana. Orígenes y evolución. Lima: Editorial Allpa, 1992, pp. 173-183.



11. Nacimiento. Piedra de Huamanga tallada. Ayacucho. Fuente: http://luna9-wwwcosasmias.blogspot.com.es/2011/06/artesania-en-piedra-de-huamanga.html




13. Nacimiento-huevo. Piedra de Huamanga tallada. Ayacucho. 2009. Fotografía: Sirley Ríos Acuña. 2013.



Fuente:

Zárate Cuadrado, Juan y Ríos Acuña, Sirley. Breve historia gráfica de la  plástica andina. Dibujos I. Lima: Seminario de Historia Rural Andina-Universidad Nacional Mayor de San Marcos, 2001.                    



sábado, 27 de abril de 2013

Tiempos de carnaval y vestidos de fiesta en los valles del Mantaro y Yanamarca (extracto)


1. Portada de la revista Artesanías de América,  Nº 68.


2. Presentación artística de un grupo de huaylarsh carnaval. Década de 1950. Huancayo, Junín. Archivo Sergio Quijada Jara.



3. Carnaval de Jauja. Década 1940-50. Jauja, Junín. Archivo Sergio Quijada Jara.


4. Carnaval de Jauja. Década de 1950. Jauja, Junín. Archivo Sergio Quijada Jara.



Por Sirley Ríos Acuña


Resumen

La fiesta actual de los carnavales en el Perú representa la conjunción de tradiciones ancestrales y de costumbres europeas, que definen su carácter profano y sagrado al mismo tiempo. Congrega una serie de eventos culturales que determinan una identidad local y regional pero con algunos patrones comunes.

Los carnavales de los valles del Mantaro y Yanamarca, ubicados en la región de Junín, presentan características peculiares en torno a los rituales agroganaderos que buscan propiciar la fertilidad de la tierra y del ganado. Estas celebraciones al mismo tiempo implican prácticas culturales como el baile, la música, el canto, el juego y el uso de vestidos tradicionales para la ocasión. Destacan entre estas manifestaciones el huaylarsh del valle del Mantaro, la priostada de Chongos y San Juan de Iscos, el carnaval de Jauja, el carnaval del valle de Yanamarca, el Tayta Mayo o cruz de Mayo, el señalacuy o marcación del ganado.


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El carnaval de Jauja
                                              
Se realiza en todos sus distritos. Es un baile elegante al igual que la vestimenta. La pareja de jaujinos baila alrededor del monte que es un árbol  frondoso vestido y decorado con frazadas, colchas, frutas, serpentinas y globos, según el poder económico de cada padrino y madrina.  En la plaza se muestra esa capacidad económica a través de los montes que compiten en abundancia de obsequios. Esta competencia da como resultado que a algunos montes se les llame monte castillo por la cantidad de ropas que se les cuelgan. La música proviene de la banda de músicos o la orquesta del centro.     

Los jalapato (jalar el pescuezo del pato aún vivo) también eran comunes en esta celebración pero se están dejando de lado.

En cuanto a la vestimenta de las mujeres se observa que llevan sus cachimiras (faldones o centros) generalmente negras, a veces de otro color, con cuatro o cinco cintas de terciopelo que les da brillo. Debajo de la cachimira se ponen blondas o fustanes en número de tres a cinco. También se cubren con un monillo (camisa) de pedrería, mostacillas y sedas o blondas finas. Hoy los monillos se han llenado con grecas de manera exagerada. Un elemento importante del vestido es la manta con cintas cosidas de terciopelo o seda con diseños florales. Actualmente se usa la tela piel de mono en vez del terciopelo o la seda. No falta el sombrero de paja fina de palma, traído desde Cajamarca, blanqueado y adornado con cinta negra. Como complemento van los zapatos blancos de tacones. El varón viste terno, poncho, sombrero a la pedrada y pañuelo.

El carnaval  del valle de Yanamarca

Según Juan De la Cruz Fierro (1982) la fiesta de los carnavales en el Valle de Yanamarca se desarrollaba durante cuatro semanas. Durante la primera semana los jóvenes y niños realizaban una serie de juegos  populares como el chuicas o juego de la pelota (extinguido). Este juego, propio de los varones, era practicado en pampas extensas y se asemejaba al juego que en tiempos prehispánicos era común entre los mexicanos. Para el juego se contaba con el chuicas o vara de la rama del quinwal, pacte, quiswar y de otras plantas, con el cual se golpeaba la bola o colulcha, hecha de las raíces de los mencionados árboles. A los jugadores se les conocía con el nombre de mama, ñaupaj churi, atoj willca y chalipacuj. La extinción de este juego se debió en parte a que las pampas se habían convertido en tierras de cultivo (6).

Otro juego realizado entre los jóvenes era el sinaulo ausay o juego con ortiga y que era propiamente practicado por los grupos de pastoras. Consistía en “chicotearse” (darse de latigazos) y frotarse la cara con la ortiga, cuyas hojas segregan un líquido irritante. También los pastorcitos jugaban al cortamonte al son de las tonadas del waqla (corneta de cuerno de res) y los cantos de carnaval (7).

En la segunda semana se homenajeaba a los compadres y se realizaba en Paca la fiesta de taita Paca con la participación de los diferentes barrios del valle; se iniciaban los cortamontes (jilucuchucuy) o tumbamontes (jilusajtay). Para conseguir y trasladar el monte, árbol de aliso o eucalipto de varios metros de altura, se realizaban una serie de costumbres, al son de la waqla. El jiluhuantuy o traslado del monte se realizaba con la participación de los vecinos del barrio a quienes el padrino o mayordomo proporcionaba caña, chicha, coca y cigarrillos. Luego de que el grupo era recibido alegremente por la población se preparaba la etapa del jilushalcuchi o levantar y plantar el árbol en el lugar señalado por el padrino, la cual se hacía con toda una técnica heredada de las generaciones pasadas. También este proceso se daba al son del waqla. Se vestía el monte o árbol de la abundancia con globos, serpentinas, sartas de panes y bizcochos, frutas y otros regalos. Inclusive colocaban la bandera nacional. Asimismo, durante el cortamonte se presentaba un conjunto de rituales y prácticas. Las parejas bailaban en ronda alrededor del árbol al son del carnaval jaujino y hacha en mano cortaban el tronco del árbol por turnos hasta tumbarlo. Al mismo tiempo se practicaban los juegos del rompe olla,  el  jala cinta y el pisa huevo (8). 

La tercera semana, de comadres, era como la de los compadres. Se distinguía porque se jugaba el tayanacuy  tirándose  frutas, manzanas, naranjas, limones, etc., que se desarrollaban en las pampas destinadas para tal efecto pero que han sido convertidas hoy en terrenos de cultivo (9).


Los vestidos de los carnavaleros del valle de Yanamarca

Para la fiesta del taita Paca, realizado en los tiempos de carnaval, las mujeres vestían sombrero blanco de paja y cinta negra de paño, lliclla o manta de paño, monillo de seda, fustán de tela blanca, medias negras o marrones y zapatos con taco mediano. Los varones llevaban sombrero de paño negro, marrón o plomo, camisa  y corbata, terno de casimir y zapatos negros o marrones.

Por lo general las mujeres de Yanamarca visten llicllas bordadas o pañal, monillos con pedrería, falda negra de bayeta de lana de oveja con basta amplia o multi-basta, en el interior falda ribeteada de tela Castilla o de bayeta. Anteriormente los varones llevaban pantalones de cordellate, botas, soga,  sombrero  blanco de  paja  macora, saco, abrigo o capote. Los sombreros de paja macora eran usados por la gente de mayores recursos económicos.


Citas:
(6) De la Cruz Fierro, 1982: 108-109.
(7) Idem: 110.
(8) Idem: 116-122.
(9) Idem: 122-123.


Ver el artículo completo en:
Ríos Acuña, Sirley. “Tiempos de carnaval y vestidos de fiesta en los  valles del Mantaro y Yanamarca.” Artesanías de América, 68 (2009), pp. 90-119.


miércoles, 10 de abril de 2013

Los elementos andinos y católicos en el contexto de las fiestas religiosas populares (extracto)



Por Sirley Ríos Acuña


Resumen

Se aborda a partir de las ideas planteadas por Josef Estermann sobre la relación inter-transcultural entre las religiones, católica e indígena, manifestada en las festividades, los rituales, la oralidad y en general en la mentalidad individual y grupal. Los elementos católicos fueron redefinidos por los indígenas quienes los incorporaron a sus prácticas religiosas ancestrales y al mismo tiempo los elementos andinos se cristianizaron. En esta oportunidad nos vamos a centrar en dos festividades populares de los Andes peruanos, resaltando estos elementos, vinculados al ciclo agrícola, ganadero y humano.

La fiesta de las cruces es una de las más populares puesto que la forma de esta imagen cristiana no fue extraña a los indígenas, quienes lo relacionaron con la constelación de la cruz del sur, que era venerada desde tiempos remotos y estaba relacionada a la época de la cosecha. Otra de las fiestas populares de carácter devocional y patronal es la del patrón Santiago, que se manifiesta bajo dos formas de festejo: en honor a la imagen del apóstol Santiago como patrono de algún poblado o advocación católica no patronal y en honor a los ganados y los pastores. Se presenta de manera detallada la segunda forma de celebración. Lo que confirma que Santiago asumió la función del Tayta Wamani, Tayta Orqo o Apu, señor de los cerros, respecto a la protección e incremento de los ganados e incluso el apóstol fue asociado con Illapa, vinculado al rayo, el relámpago y el trueno. Esta condición convierte a Illapa así mismo en dios del agua y la lluvia, bajo la forma de una serpiente, y por tanto Santiago asume también estas asociaciones.

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1. Portada de la revista Artesanías de América,  Nº 67.


2. Cruz de camino. Madera tallada y policromada. Siglo XX. Canta, sierra de Lima. Archivo de Sirley Ríos Acuña.


3. Cruz de techo. Fierro, alambre y hojalata policromada. Siglo XX. Abancay, Apurímac. Fotografía: Sirley Ríos Acuña.



El actual sistema religioso popular en los Andes es resultado de una conjunción de prácticas culturales provenientes desde la visión indígena y occidental, donde prevalecen, según el contexto, los rituales propiamente andinos o lo cristiano católico.

Los aspectos rituales católicos han sido redefinidos por los indígenas quienes  los han incorporado a sus prácticas religiosas ancestrales y al mismo tiempo los elementos andinos se han cristianizado. Según Josef Estermann no se ha producido sólo una asimilación de una parte sino que se ha dado una relación inter-transcultural entre ambas religiones católica e indígena y por lo tanto no se hablaría de un “sincretismo andino” de resultado por contacto, sino de relación y diálogo, a pesar de la férrea persecución y extirpación de las idolatrías locales. Esto se debe a la propia lógica andina donde rige el principio holista de la inclusión y no de exclusión como sería en el pensamiento occidental  que trata de separar los opuestos  y no de complementarlos. Es por ello que todas las prácticas del hombre andino están guiadas por los principios de inclusividad, complementariedad y relacionalidad, los cuales se expresan más claramente en la religión popular actual. De ahí la presencia de tres niveles del espacio andino que se relacionan: arriba, abajo y centro. El centro es el encuentro o tinkuy o chakana/ puente.  Por eso dentro del aspecto religioso, el saber andino considera lo sagrado y lo profano, el mundo religioso y el mundo secular en constante interrelación y en conjunción, no dicotómicos o separados. En esa lógica de relacionalidad “...se incluyen ‘verdades’ aparentemente inconsistentes y ‘realidades’ supuestamente incompatibles.” (2)



4. Cruz apóstol Santiago patrón de los ganados. Pasta y madera policromada. Siglo XX. Huancavelica. Colección y Archivo Museo Nacional de la Cultura Peruana-Ministerio de Cultura de Perú.


Josef Estermann afirma que los principios de inclusividad, complementariedad y relacionalidad están enraizados en la cosmovisión andina, por tanto en la religión.

El proceso intercultural e interreligioso entre el catolicismo y la religión andina queda claramente evidenciado desde las primeras manifestaciones del arte religioso barroco en los Andes. También en las festividades, los rituales, la oralidad y en general en la mentalidad individual y grupal.

En esta oportunidad nos vamos a centrar en dos festividades populares de los Andes peruanos, resaltando la presencia de elementos andinos y católicos en su configuración, vinculados al ciclo agrícola, ganadero y humano. El calendario ritual en honor a santos, vírgenes, Cristos y cruces es un pretexto para la continuidad del calendario ancestral asociado a los solsticios y equinoccios, a la época seca y húmeda, a la vida y la muerte, a la noche y el dia.


5. Celebración del Santiago en la región de Tayacaja, Huancavelica. Fotografía: Teófilo Hinostroza. 1962. Archivo Sergio Quijada Jara.


6. Celebración del Santiago en el distrito de Pirchaca, Huancavelica. Fotografía y Archivo Sergio Quijada Jara.


Para confirmar nuestra observación  sobre el pensamiento andino y sus implicancias en las prácticas culturales en torno a su relación con la naturaleza, citamos lo dicho por el antropólogo Juan José García Miranda: “En las sociedades con culturas cosmovisionales, como la andina, el cosmos en su conjunto está concebido como un ente con vida y es más con dimensión humana. En consecuencia, todos los componentes del cosmos tienen vida y, por ende, tienen una estructura orgánica y perciben y sienten la influencia de los agentes externos que actúan en el desenvolvimiento del ser. Si el mundo es concebido como un ente que tiene vida, entonces como todo ser vivo está sujeto a procesos reproductivos que se sintetizan en las capacidades de nacimiento y muerte, surgimiento y extinción que definen ciclos de existencia cuyos pasos de una fase a otra o de una condición a otra genera situaciones de espera y angustia en el hombre y en las colectividades organizadas al culminar una fase e iniciar otra.(3)

La mayor parte de los actos propiciatorios en el contexto de las festividades religiosas populares corresponden a la reproducción o fertilidad vegetal, animal y humana, así como a fines de protección y buenos augurios para el futuro.


Citas:
(2) ESTERMANN, 2002 y 2003.
(3) GARCÍA, 2006: 14.


Ver el artículo completo en:

Ríos Acuña, Sirley. “Los elementos andinos y católicos en el contexto de las fiestas religiosas populares.” Artesanías de América, 67 (2008), pp. 179-211.


 



jueves, 4 de abril de 2013

La colección de arte tradicional peruano de la familia Grillo


1. Cruz de techo. Hojalata pintada. Ayacucho? 1972.


2. Máscara de Auca Chileno. Yeso policromado. Paucartambo, Cusco. 1960-70.


3. Toro. Cerámica modelada, engobada y parcialmente vidriada. Puno. Siglo XX.


 4. Papaya o tetera. Cerámica modelada y engobada.  25 cm. de altura. Quinua, Ayacucho. 1950-1960.


5. Toro conopa. Cerámica modelada y engobada. 30 cm. largo. Quinua, Ayacucho. 1950-1960.

6. Iglesia de techo. Cerámica modelada y engobada. Quinua, Ayacucho. Siglo XX.

7. Esclavina de danzante. Bordado; tela de seda, hilos de algodón, bronce, pedrería y cartón. Primera mitad del siglo XX.


8. Alfombra. Tejido. 1977.   
   

9. Mate decorado. Calabaza burilada, desbastada y fondo negro. 20 x 14 cm. Huancayo, Junín. Siglo XX.

10. Retablo de pared. Pasta policromada. Heraclio Núñez Jiménez. Ayacucho. Aprox. 1970.


11. Corona de danzante de la Rayguana. Madera tallada y policromada. Huánuco. Siglo XX.

12. Kiraw (cuna). Madera torneada y tallada. Ayacucho. Inicios del siglo XX.


13. Milagro o exvoto. Plata cincelada. Inscrito al reverso: S.M.B. 1968.


14. Cocha. Madera tallada. Sur andino.


15. Detente. Bordado; hilo, tela de seda, tela y cartón. 1900-1930.



Fuente:
https://www.facebook.com/ArtePopularDelPeruColeccionFamiliaGrillo