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jueves, 21 de noviembre de 2013

Moisés Balbín Ordaya (1937-2013), in memoriam


1.- Moisés Balbín Ordaya y su esposa Teodora Santana Guerra. Archivo de Moisés Balbín Ordaya.

2.- Moisés Balbín Ordaya, dictando clases de bordado tradicional del Valle del Mantaro. Fuente: http://radiomacondo.fm/2013/10/28/el-bordado-tradicional-de-chupaca-en-peru-esta-de-luto-el-maestro-moises-balbin-ha-fallecido/

3.- Moisés Balbín y su colección de vestimenta de huaylarsh carnaval. Fuente: http://www.escuelafolklore.edu.pe/noti_wanka.php


4.- Anciana vestida con kotón en la calle Real de Huancayo. c. 1960. Archivo de Moisés Balbín Ordaya.


Por Sirley Ríos Acuña


MOISÉS BALBÍN  ORDAYA: DIFUSOR DEL USO DEL KOTÓN EN LAS DANZAS Y BAILES DEL VALLE DEL MANTARO (*)

Moisés Balbín Ordaya  nace el 7 de febrero de 1937 en San Juan de Iscos de la provincia de Chupaca, Junín.

Hereda de su abuela materna, Juana Pérez Cárdenas, una serie de conocimientos tradicionales  que en la edad adulta le va permitir transmitir a los suyos a través de la difusión y confección de vestimentas de las danzas tradicionales del Valle del Mantaro.

Se inicia en el arte del bordado a la edad de 15 años. Mientras observa los bordados de otros maestros se va perfeccionando y creando un repertorio particular de motivos iconográficos que tienen un sentido dentro del conjunto visual que Don Moisés sabe explicar de manera detallada porque es parte de su vivencia andina.

Migra a Lima en 1954 y comienza a participar en diversos elencos de danzas folclóricas para mantener viva su identidad cultural. Integra como danzante en los grupos de la época: “Sol de Chupaca”, “Panorama folclórico” y “Aquilino Ramos”. Hacia 1970 creó su agrupación “Embajada Folklórica del Centro” desde donde difunde y propulsa el uso del kotón wanka a través de la práctica y enseñanza de danzas y bailes tradicionales del Valle del Mantaro.

Posee junto a su esposa Teodora Santana Guerra, también bordadora, tejedora, costurera y danzante, una importante colección de vestimenta tradicional del Valle del Mantaro que pertenecen a las distintas variedades de kutunchas surgido por los cambios ocurridos en distintas épocas y otro conjunto mayoritario de trajes lo conforman los de carácter coreográfico: waylarsh agrario y de carnaval, chonguinada, tunantada, llamichada, tinyacuy, wayligia, huaconada, shapish, jija, entre otros más.

Ha expuesto su colección de vestimentas en importantes instituciones culturales como el Museo Nacional de la Cultura Peruana. Su incansable labor de difusor de las manifestaciones culturales de Junín ha sido reconocido con distinciones y premios otorgado por autoridades locales.


(*) Texto extraído de un artículo publicado originalmente el  año 2007. Ver el artículo completo en: Ríos Acuña, Sirley. “Vestimenta e identidad en el Valle del Mantaro: la kutuncha.” Artesanías de América, 63-64 (julio 2007), pp. 213- 240. http://es.scribd.com/doc/73037154/Vestimenta-e-Identidad-en-El-Mantaro





domingo, 11 de agosto de 2013

La cerámica tradicional peruana (extracto)


1. Cubierta de la revista Artesanías de América, Nº 70.



Por Sirley Ríos Acuña



Resumen

Los ceramistas tradicionales del Perú, a la tecnología prehispánica, incorporaron durante la Colonia técnicas.

En la costa norte Simbilá y Chulucanas se ponen en práctica el paleteado, el uso de labradoras y el negativo. Cajamarca era una importante región de producción, queda en la memoria la elaboración de la pallama con reminiscencias de las vasijas vidriadas del S. XVIII.


2. Burrito con cabrita dentro de una alforja. Terracota refinada. Máximo Inga Adanaqué. 1974-1975. Chulucanas, Piura. Fotografía: Gloria Joyce Supple.


En Ayacucho sobresale el distrito de Quinua donde se continúan elaborando las iglesias de techo. En esta región fue reconocido con un estilo propio el ceramista Leoncio Tineo Ochoa.

En Puno, en Santiago de Pupuja y Pucará hay la producción de chuas o chuwas que son platos vidriados, los famosos “Toritos de Pucará”, las apajatas o jarras matrimoniales y las limitatas, incalimitas o botellas ornamentales.

En Cusco, que desde la Colonia generó talleres artesanales de cerámica vidriada y en la primera mitad del S. XIX se impulsó en el ámbito campesino la elaboración de objetos bruñidos sin vidriar y de color rojizo. En la Amazonía está la cerámica de los Shipibo-Conibo, que se caracteriza por su decoración llamado kené y por una pasta muy fina.


3. Iglesia de techo. Cerámica modelada y engobada. Mamerto Sánchez y familia. 2006. Quinua, Ayacucho. Archivo particular.


4. Sirena. Cerámica modelada y engobada. Mamerto Sánchez. 2006. Quinua, Ayacucho. Archivo particular.


5. Nacimiento. Cerámica modelada y engobada. Familia Tineo. 2006.  Ayacucho. Archivo particular.

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El arte de la cerámica es una actividad desarrollada desde la antigüedad por el hombre peruano que ha demostrado su habilidad y creatividad en la elaboración de formas y diseños diversos. Hoy esta tradición cultural, producto de sutiles transformaciones a lo largo del tiempo y heredada por los ceramistas populares, continúa vigente.

Del antiguo Perú encontramos objetos cerámicos de gran belleza que reflejan el entorno socio-geográfico del momento. Los arqueólogos consideran que hacia 1850 a. C. se produjo el origen de la cerámica. También algunos investigadores infieren que las formas primigenias de los recipientes de arcilla cocida se inspiraron en los mates o calabazas (Lagenaria siceraria) que eran empleadas como recipientes comunes en el quehacer cotidiano del período precerámico. La cerámica inicial adopta del mate decorado no sólo la forma sino la técnica del esgrafiado y burilado.


6. Simón Roque, ceramista de Checca Pupuja, Puno. Fotografía: Sirley Ríos Acuña. 2009.


7. Torito de Pucará. Cerámica modelada, engobada y parcialmente vidriada. 2009. Checca Pupuja, Puno. Fotografía: Sirley Ríos Acuña. 2010.


La tecnología cerámica en la época prehispánica llegó a un alto grado de desarrollo y, no sólo eso, desplegó una variedad de estilos e iconografías que hoy despierta una gran admiración a nivel mundial. En la Colonia se incorporaron y fusionaron técnicas, formas y motivos, produciéndose un replanteamiento de contenidos temáticos y funciones. Comenzó a usarse el torno de alfarero occidental y se aplicó en los acabados el vidriado. Esta herencia tecnológica se continúa empleando en las actuales poblaciones de ceramistas.



8. Candelero en forma de gallo. Cerámica modelada y vidriada. Charamuray, Cusco. 2009. Fotografía: Sirley Ríos Acuña. 2010.


La trayectoria histórica de este arte tiene larga data y da cuenta de épocas de florecimiento y decaimiento, mientras en algunas zonas se extingue la producción cerámica en otras florece y se expande.

Las principales regiones de producción cerámica son: hacia el norte Piura y Cajamarca, al centro-sur Ayacucho, al sur Puno y Cusco y en la Amazonía la región de Ucayali.


9. Joni Shomo. Cerámica modelada y pintada. Dora Panduro Silvano. 2009. Grupo étnico Shipibo-Conibo. Comunidad Nativa San Francisco de Yarinacocha, provincia de Coronel Portillo, Ucayali. Fotografía: Sirley Ríos Acuña. 2009.



Ver el artículo completo en:

Ríos Acuña, Sirley. “La cerámica tradicional peruana.” Artesanías de América, 70 (julio 2010), pp. 26-51.









sábado, 18 de mayo de 2013

La panadería tradicional del Perú y sus expresiones plásticas (extracto)


1. Portada de la revista Artesanías de América,  Nº 69.


Por Sirley Ríos Acuña


Resumen

El artículo presenta una breve historia de la panadería tradicional en el Perú destacando en el siglo XX las variantes regionales de pan según sus denominaciones, tamaños, formas, sabores, consistencias y significados van de acuerdo con los gustos y costumbres de la clientela local.

Se explica sobre las expresiones plásticas vinculadas a la producción panadera según su carácter duradero y efímero. Como expresiones duraderas se consignan las bateas de madera de formas alargadas y circulares. En la plástica efímera se encuentran los diversos tipos de pan con formas heredadas y otras creadas, que reciben diferentes denominaciones. De este grupo resaltan por sus formas artísticas y escultóricas las famosas t´anta wawas, que adquieren un significado vital dentro y fuera del contexto de las festividades y son consideradas objetos mágico-religiosos y de propiciación.

Se trata de valorar una tradición plástica vigente hasta nuestros días y que todavía no ha merecido un estudio profundo.

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2. Ofrenda a los difuntos. Ayacucho. XIII Concurso Nacional de T’anta wawas organizado por el Museo Nacional de la Cultura Peruana. Fotografía: Sirley Ríos Acuña. 2009.

Se distinguen importantes zonas de producción ubicadas en las regiones con larga tradición panadera. Hacia la zona norte del Perú tenemos Cajamarca y Ancash; en la sierra central Lima, Junín y Pasco; en el centro-sur Ayacucho y Huancavelica; al sur Apurímac, Cusco y Arequipa. En la costa norte destacan Piura y La Libertad. Entre las regiones amazónicas son consideradas San Martín y Amazonas.

El investigador Andrés Ugaz Cruz registró en su libro Panes del Perú (2007), ciento veite tipos de panes de doce regiones del Perú que recorrió en tres años y rescató cincuenta y cinco recetas, además de historias y costumbres entorno al pan.


3. Batea para amasar. Madera tallada. Sihuas, Ancash. Colección particular. Fotografía: Cornelio Aguayo. 2000.

4. Panes de mesa con forma de trenza. Huaytará, Huancavelica. Andrés Santé. Fotografía: Cornelio Aguayo. 2000.


Varios tipos de pan se repiten en distintas regiones y algunos tienen la misma denominación pero presentan otras formas e ingredientes. Sería largo enumerar la variedad regional de panes, sólo destacaremos algunos ejemplos. En Piura son comunes las cachangas, las tortas regaladas, los angelitos o panes en miniatura y el pan royal de Ayabaca. Cajamarca tiene la torta de manteca, la turquita, la semita, el pan de agua, el mollete dulce y el bollo. De la región de Ancash sobresale en Sihuas el pan semita, el pan de agua o pan común, la torta, el pan francés, la rosquita, el bizcocho o pan dulce, las basitas, la cachanga, el bollito, las wawas y guanacos; de Corongo resaltan las tortas, el jatutanta o pan de mercado, las bambasas, las semitas dulces y saladas, las wawas, los panecillos de maíz y los bizcochos; en Caraz la cachanga, la semita, el integral, el bizcocho, el mishti y el mollete; en el Callejón de Conchucos se consume el pan de frijol canario o cushcutanta; se elabora el pan de papa de tamaño grande que se comparte entre los familiares. En Lima los panes tradicionales son el carioca, pan de yema y de anís, el tolete, el chancay, el cachito, el francés y la ayuya; el ciabatta o chapata es de introducción actual.

Junín, una de las ciudades de larga tradición panadera, ofrece el pan de Chongos, el mishti, el pan de maíz o jala tanta, la huahui tanta, el ulpay, el pan de anís, el pan de cebada y de miga, el pan de agua, el lulo tanta, el tanta Huanca o pan de Orcotuna, el pan español, el pan labrado, el pan de cerveza, el pan de manteca, las rositas y las sonrisas de la Oroya, el pan carioca, las trompadas de Tarma, los bollos, molletes y tantachos. En Pasco se distingue el pan mishti o mistibollo, el pan charqui, el pan de Chacayán y entre los que van desapareciendo el caporal, la rapracha, las rosas, el pan pata de burro, la mariposa, la torta y la sarna. En Huánuco el pan de maíz, el pan de agua, el mishti shongo y el chalaco son los más degustados.

5. T’anta wawa. Huancavelica. 1996. Dibujo a tinta: Sirley Ríos Acuña. 

6. Bizcocho en forma de caballo. Puno. c. 1996-1998. Dibujo a tinta: Sirley Ríos Acuña.

7. Careta de t’anta caballo. Yeso moldeado y policromado. Cusco. Colección Museo Nacional de la Cultura Peruana–Ministerio de Cultura de Perú. Fotografía: Sirley Ríos Acuña. 2009.

Ayacucho sobresale con su típico pan chapla, además de producir el chimango o misti, el pan común, el chaquiche, el puspu, la jallulla, el Huancayo, el de yuca, el francés, la wawa, la lata canca, las tortas, semitas y otros. Huancavelica tiene bollos de calabaza, panes de trigo y de achita o kiwicha, wawas y caballos, el  pan común o bollo de Huaytará, el pan de mesa o de figuras conformado por los cachitos, los cariocas, las hogazas, las manos, las trenzas, los rondines, las corbatas, el torito, la mariposa, la tortuga, las roscas y otras variedades.

La ciudad de Abancay de la región de Apurímac consume en grandes cantidades el taparaco y el pan serrano. En Cusco es muy solicitado el pan chuta de Oropesa, el pan de Huaro y el pan de rejilla. En Arequipa se elabora el pan de tres cachetes o de tres puntas, el pan de labranza, el pan de manteca y de agua, los bollos y mestizas, las t’anta wawas, las marraquetas, el pan Carpio y el pan de Ripacha. En Arequipa y Moquegua son degustados el pan de Omate y las estrellas de Torata. En Puno es común el pan de Pomata o rosca pomateña.
  
8. T’anta wawas de Junín. XIII Concurso Nacional de T’anta wawas organizado por el Museo Nacional de la Cultura Peruana. Fotografía: Sirley Ríos Acuña. 2009.

La región de Ica elabora unos panecillos diminutos llamados paciencias. La panadería de la amazonía es singular por el empleo de ingredientes locales como la harina de yuca y plátano, destacando los bollitos de Rodríguez de Mendoza en la región de Amazonas y en Chachapoyas se degusta el pan denominado puchco tortilla.

A pesar de la diversidad de panes existentes siempre sobresale un tipo de pan que identifica a cada región y ciudad. El pan chuta de Oropesa en Cusco, la chapla de Huamanga en Ayacucho, el taparaco de Abancay en Apurímac, el pan de tres puntas de Arequipa, el pan de Chongos en Junín, el pan de Chacayán en Pasco y otros más, son símbolos de identidad cultural.

Hoy las famosas cachangas del norte, preparadas sin horno ni levadura y que en Junín se conocen con el nombre de tantacho (Silva: 15) o el pan dulce lata canca de Ayacucho, pueden ser un claro testimonio de continuidad de las tantas prehispánicas que se cocinaban sin horno sobre las brasas candentes. Esta costumbre se reproducía incluso en algunas familias de Corongo, provincia de Ancash, que hacían sus panes y cachangas en el tiesto que servía para tostar el maíz o la cancha. Las cachangas de Piura tienen trozos de chicharrón (carne de cerdo frita) y son  como tortillas de harina de maíz, yuca y trigo, tan comunes en los pueblos serranos (Hocquenghem y Monzón, 1995). Estas tortillas son panes caseros.
 
9. Damasino Uldarico Ancco Condo. Valle del Colca, Arequipa. Ganador del segundo puesto del XIII Concurso Nacional de T’anta wawas organizado por el Museo Nacional de la Cultura Peruana. Fotografía: Sirley Ríos Acuña. 2009.

El pan es importante porque no sólo cumple funciones de nutrición, sino que tiene muchas funciones sociales. Por ejemplo los panes son usados como elementos sagrados en las ofrendas a los difuntos, en los ritos del ciclo agrario y ganadero, en el establecimiento de las relaciones de amistad y compadrazgo, entre otros contextos festivos y ceremoniales.

En Huaytará (Huancavelica) algunos panes especiales o bizcochos adornan los árboles de las yunzas o cortamontes durante los carnavales, en los meses de febrero y marzo. Incluso los panes de mesa o de figuras sirven de adorno a los cargadores de las cruces y a las mismas cruces del 3 de mayo. Se presentan dentro de la wallja que es un collar de panes y frutas. 

Los panes de Arequipa con forma de corazón sirven para ofrecer a los mayordomos de las fiestas patronales y para obsequiarlos a los varones. Los panes que representan cuculíes o palomas son regalados a las mujeres. En las fiestas del Corpus Christie y San Isidro el labrador del valle del Colca aparece de manera simbólica una yunta en donde los bueyes llevan sobre la frente unos panes triangulares especialmente elaborados para la ocasión.

10. Participante de Ayacucho del XIII Concurso Nacional de T’anta wawas organizado por el Museo Nacional de la Cultura Peruana. Fotografía: Sirley Ríos Acuña. 2009.


Durante la marcación del ganado o Santiago, en las comunidades campesinas de Junín, se preparan walljas o collares de la abundancia que contienen t’anta wawas pequeñas y panes con diversas formas. Estos collares se colocan a las pastoras y a sus familiares, quienes festejan a sus ganados, al ritmo de la tinya (tambor pequeño) y el waqra o waqla (corneta de cuernos de res).

Son características, en las celebraciones de Todos los Santos y Día de los Difuntos del 1 y 2 de noviembre, las t’anta wawas o los panes con formas de bebés y adultos, de animales y diversas representaciones elaboradas para la ocasión.

Queda demostrado que el Perú presenta múltiples variantes de pan regional que se ha ido desarrollando a lo largo de varios períodos históricos y aún subsistirá mientras tenga demanda entre la clientela local y foránea.



Ver el artículo completo en:

Ríos Acuña, Sirley. “La panadería tradicional del Perú y sus expresiones plásticas”. Artesanías de América,  69 (2009), pp. 125-148.




sábado, 27 de abril de 2013

Tiempos de carnaval y vestidos de fiesta en los valles del Mantaro y Yanamarca (extracto)


1. Portada de la revista Artesanías de América,  Nº 68.


2. Presentación artística de un grupo de huaylarsh carnaval. Década de 1950. Huancayo, Junín. Archivo Sergio Quijada Jara.



3. Carnaval de Jauja. Década 1940-50. Jauja, Junín. Archivo Sergio Quijada Jara.


4. Carnaval de Jauja. Década de 1950. Jauja, Junín. Archivo Sergio Quijada Jara.



Por Sirley Ríos Acuña


Resumen

La fiesta actual de los carnavales en el Perú representa la conjunción de tradiciones ancestrales y de costumbres europeas, que definen su carácter profano y sagrado al mismo tiempo. Congrega una serie de eventos culturales que determinan una identidad local y regional pero con algunos patrones comunes.

Los carnavales de los valles del Mantaro y Yanamarca, ubicados en la región de Junín, presentan características peculiares en torno a los rituales agroganaderos que buscan propiciar la fertilidad de la tierra y del ganado. Estas celebraciones al mismo tiempo implican prácticas culturales como el baile, la música, el canto, el juego y el uso de vestidos tradicionales para la ocasión. Destacan entre estas manifestaciones el huaylarsh del valle del Mantaro, la priostada de Chongos y San Juan de Iscos, el carnaval de Jauja, el carnaval del valle de Yanamarca, el Tayta Mayo o cruz de Mayo, el señalacuy o marcación del ganado.


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El carnaval de Jauja
                                              
Se realiza en todos sus distritos. Es un baile elegante al igual que la vestimenta. La pareja de jaujinos baila alrededor del monte que es un árbol  frondoso vestido y decorado con frazadas, colchas, frutas, serpentinas y globos, según el poder económico de cada padrino y madrina.  En la plaza se muestra esa capacidad económica a través de los montes que compiten en abundancia de obsequios. Esta competencia da como resultado que a algunos montes se les llame monte castillo por la cantidad de ropas que se les cuelgan. La música proviene de la banda de músicos o la orquesta del centro.     

Los jalapato (jalar el pescuezo del pato aún vivo) también eran comunes en esta celebración pero se están dejando de lado.

En cuanto a la vestimenta de las mujeres se observa que llevan sus cachimiras (faldones o centros) generalmente negras, a veces de otro color, con cuatro o cinco cintas de terciopelo que les da brillo. Debajo de la cachimira se ponen blondas o fustanes en número de tres a cinco. También se cubren con un monillo (camisa) de pedrería, mostacillas y sedas o blondas finas. Hoy los monillos se han llenado con grecas de manera exagerada. Un elemento importante del vestido es la manta con cintas cosidas de terciopelo o seda con diseños florales. Actualmente se usa la tela piel de mono en vez del terciopelo o la seda. No falta el sombrero de paja fina de palma, traído desde Cajamarca, blanqueado y adornado con cinta negra. Como complemento van los zapatos blancos de tacones. El varón viste terno, poncho, sombrero a la pedrada y pañuelo.

El carnaval  del valle de Yanamarca

Según Juan De la Cruz Fierro (1982) la fiesta de los carnavales en el Valle de Yanamarca se desarrollaba durante cuatro semanas. Durante la primera semana los jóvenes y niños realizaban una serie de juegos  populares como el chuicas o juego de la pelota (extinguido). Este juego, propio de los varones, era practicado en pampas extensas y se asemejaba al juego que en tiempos prehispánicos era común entre los mexicanos. Para el juego se contaba con el chuicas o vara de la rama del quinwal, pacte, quiswar y de otras plantas, con el cual se golpeaba la bola o colulcha, hecha de las raíces de los mencionados árboles. A los jugadores se les conocía con el nombre de mama, ñaupaj churi, atoj willca y chalipacuj. La extinción de este juego se debió en parte a que las pampas se habían convertido en tierras de cultivo (6).

Otro juego realizado entre los jóvenes era el sinaulo ausay o juego con ortiga y que era propiamente practicado por los grupos de pastoras. Consistía en “chicotearse” (darse de latigazos) y frotarse la cara con la ortiga, cuyas hojas segregan un líquido irritante. También los pastorcitos jugaban al cortamonte al son de las tonadas del waqla (corneta de cuerno de res) y los cantos de carnaval (7).

En la segunda semana se homenajeaba a los compadres y se realizaba en Paca la fiesta de taita Paca con la participación de los diferentes barrios del valle; se iniciaban los cortamontes (jilucuchucuy) o tumbamontes (jilusajtay). Para conseguir y trasladar el monte, árbol de aliso o eucalipto de varios metros de altura, se realizaban una serie de costumbres, al son de la waqla. El jiluhuantuy o traslado del monte se realizaba con la participación de los vecinos del barrio a quienes el padrino o mayordomo proporcionaba caña, chicha, coca y cigarrillos. Luego de que el grupo era recibido alegremente por la población se preparaba la etapa del jilushalcuchi o levantar y plantar el árbol en el lugar señalado por el padrino, la cual se hacía con toda una técnica heredada de las generaciones pasadas. También este proceso se daba al son del waqla. Se vestía el monte o árbol de la abundancia con globos, serpentinas, sartas de panes y bizcochos, frutas y otros regalos. Inclusive colocaban la bandera nacional. Asimismo, durante el cortamonte se presentaba un conjunto de rituales y prácticas. Las parejas bailaban en ronda alrededor del árbol al son del carnaval jaujino y hacha en mano cortaban el tronco del árbol por turnos hasta tumbarlo. Al mismo tiempo se practicaban los juegos del rompe olla,  el  jala cinta y el pisa huevo (8). 

La tercera semana, de comadres, era como la de los compadres. Se distinguía porque se jugaba el tayanacuy  tirándose  frutas, manzanas, naranjas, limones, etc., que se desarrollaban en las pampas destinadas para tal efecto pero que han sido convertidas hoy en terrenos de cultivo (9).


Los vestidos de los carnavaleros del valle de Yanamarca

Para la fiesta del taita Paca, realizado en los tiempos de carnaval, las mujeres vestían sombrero blanco de paja y cinta negra de paño, lliclla o manta de paño, monillo de seda, fustán de tela blanca, medias negras o marrones y zapatos con taco mediano. Los varones llevaban sombrero de paño negro, marrón o plomo, camisa  y corbata, terno de casimir y zapatos negros o marrones.

Por lo general las mujeres de Yanamarca visten llicllas bordadas o pañal, monillos con pedrería, falda negra de bayeta de lana de oveja con basta amplia o multi-basta, en el interior falda ribeteada de tela Castilla o de bayeta. Anteriormente los varones llevaban pantalones de cordellate, botas, soga,  sombrero  blanco de  paja  macora, saco, abrigo o capote. Los sombreros de paja macora eran usados por la gente de mayores recursos económicos.


Citas:
(6) De la Cruz Fierro, 1982: 108-109.
(7) Idem: 110.
(8) Idem: 116-122.
(9) Idem: 122-123.


Ver el artículo completo en:
Ríos Acuña, Sirley. “Tiempos de carnaval y vestidos de fiesta en los  valles del Mantaro y Yanamarca.” Artesanías de América, 68 (2009), pp. 90-119.


miércoles, 10 de abril de 2013

Los elementos andinos y católicos en el contexto de las fiestas religiosas populares (extracto)



Por Sirley Ríos Acuña


Resumen

Se aborda a partir de las ideas planteadas por Josef Estermann sobre la relación inter-transcultural entre las religiones, católica e indígena, manifestada en las festividades, los rituales, la oralidad y en general en la mentalidad individual y grupal. Los elementos católicos fueron redefinidos por los indígenas quienes los incorporaron a sus prácticas religiosas ancestrales y al mismo tiempo los elementos andinos se cristianizaron. En esta oportunidad nos vamos a centrar en dos festividades populares de los Andes peruanos, resaltando estos elementos, vinculados al ciclo agrícola, ganadero y humano.

La fiesta de las cruces es una de las más populares puesto que la forma de esta imagen cristiana no fue extraña a los indígenas, quienes lo relacionaron con la constelación de la cruz del sur, que era venerada desde tiempos remotos y estaba relacionada a la época de la cosecha. Otra de las fiestas populares de carácter devocional y patronal es la del patrón Santiago, que se manifiesta bajo dos formas de festejo: en honor a la imagen del apóstol Santiago como patrono de algún poblado o advocación católica no patronal y en honor a los ganados y los pastores. Se presenta de manera detallada la segunda forma de celebración. Lo que confirma que Santiago asumió la función del Tayta Wamani, Tayta Orqo o Apu, señor de los cerros, respecto a la protección e incremento de los ganados e incluso el apóstol fue asociado con Illapa, vinculado al rayo, el relámpago y el trueno. Esta condición convierte a Illapa así mismo en dios del agua y la lluvia, bajo la forma de una serpiente, y por tanto Santiago asume también estas asociaciones.

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1. Portada de la revista Artesanías de América,  Nº 67.


2. Cruz de camino. Madera tallada y policromada. Siglo XX. Canta, sierra de Lima. Archivo de Sirley Ríos Acuña.


3. Cruz de techo. Fierro, alambre y hojalata policromada. Siglo XX. Abancay, Apurímac. Fotografía: Sirley Ríos Acuña.



El actual sistema religioso popular en los Andes es resultado de una conjunción de prácticas culturales provenientes desde la visión indígena y occidental, donde prevalecen, según el contexto, los rituales propiamente andinos o lo cristiano católico.

Los aspectos rituales católicos han sido redefinidos por los indígenas quienes  los han incorporado a sus prácticas religiosas ancestrales y al mismo tiempo los elementos andinos se han cristianizado. Según Josef Estermann no se ha producido sólo una asimilación de una parte sino que se ha dado una relación inter-transcultural entre ambas religiones católica e indígena y por lo tanto no se hablaría de un “sincretismo andino” de resultado por contacto, sino de relación y diálogo, a pesar de la férrea persecución y extirpación de las idolatrías locales. Esto se debe a la propia lógica andina donde rige el principio holista de la inclusión y no de exclusión como sería en el pensamiento occidental  que trata de separar los opuestos  y no de complementarlos. Es por ello que todas las prácticas del hombre andino están guiadas por los principios de inclusividad, complementariedad y relacionalidad, los cuales se expresan más claramente en la religión popular actual. De ahí la presencia de tres niveles del espacio andino que se relacionan: arriba, abajo y centro. El centro es el encuentro o tinkuy o chakana/ puente.  Por eso dentro del aspecto religioso, el saber andino considera lo sagrado y lo profano, el mundo religioso y el mundo secular en constante interrelación y en conjunción, no dicotómicos o separados. En esa lógica de relacionalidad “...se incluyen ‘verdades’ aparentemente inconsistentes y ‘realidades’ supuestamente incompatibles.” (2)



4. Cruz apóstol Santiago patrón de los ganados. Pasta y madera policromada. Siglo XX. Huancavelica. Colección y Archivo Museo Nacional de la Cultura Peruana-Ministerio de Cultura de Perú.


Josef Estermann afirma que los principios de inclusividad, complementariedad y relacionalidad están enraizados en la cosmovisión andina, por tanto en la religión.

El proceso intercultural e interreligioso entre el catolicismo y la religión andina queda claramente evidenciado desde las primeras manifestaciones del arte religioso barroco en los Andes. También en las festividades, los rituales, la oralidad y en general en la mentalidad individual y grupal.

En esta oportunidad nos vamos a centrar en dos festividades populares de los Andes peruanos, resaltando la presencia de elementos andinos y católicos en su configuración, vinculados al ciclo agrícola, ganadero y humano. El calendario ritual en honor a santos, vírgenes, Cristos y cruces es un pretexto para la continuidad del calendario ancestral asociado a los solsticios y equinoccios, a la época seca y húmeda, a la vida y la muerte, a la noche y el dia.


5. Celebración del Santiago en la región de Tayacaja, Huancavelica. Fotografía: Teófilo Hinostroza. 1962. Archivo Sergio Quijada Jara.


6. Celebración del Santiago en el distrito de Pirchaca, Huancavelica. Fotografía y Archivo Sergio Quijada Jara.


Para confirmar nuestra observación  sobre el pensamiento andino y sus implicancias en las prácticas culturales en torno a su relación con la naturaleza, citamos lo dicho por el antropólogo Juan José García Miranda: “En las sociedades con culturas cosmovisionales, como la andina, el cosmos en su conjunto está concebido como un ente con vida y es más con dimensión humana. En consecuencia, todos los componentes del cosmos tienen vida y, por ende, tienen una estructura orgánica y perciben y sienten la influencia de los agentes externos que actúan en el desenvolvimiento del ser. Si el mundo es concebido como un ente que tiene vida, entonces como todo ser vivo está sujeto a procesos reproductivos que se sintetizan en las capacidades de nacimiento y muerte, surgimiento y extinción que definen ciclos de existencia cuyos pasos de una fase a otra o de una condición a otra genera situaciones de espera y angustia en el hombre y en las colectividades organizadas al culminar una fase e iniciar otra.(3)

La mayor parte de los actos propiciatorios en el contexto de las festividades religiosas populares corresponden a la reproducción o fertilidad vegetal, animal y humana, así como a fines de protección y buenos augurios para el futuro.


Citas:
(2) ESTERMANN, 2002 y 2003.
(3) GARCÍA, 2006: 14.


Ver el artículo completo en:

Ríos Acuña, Sirley. “Los elementos andinos y católicos en el contexto de las fiestas religiosas populares.” Artesanías de América, 67 (2008), pp. 179-211.


 



miércoles, 13 de marzo de 2013

Un acercamiento al mundo del Human tac tac en los Andes (extracto)



1. Portada de la revista Artesanías de América,  Nº 66.


2. Una bruja/ Huk bruja. Pintura sobre madera. Carmelón Berrocal Evanán. 1997. Sarhua, Ayacucho-Perú. Cuento XVI. Fuente: Berrocal, Carmelón;  Macera, Pablo y Andazábal, Rosaura. Flora y fauna de Sarhua: pintura y palabra (textos en quechuañol). Lima: Universidad nacional mayor de San Marcos. UNMSM - Banco central de reserva del Perú. BCRP - Institut français d'études andines. IFEA - Elf hydrocarbures Pérou. ELF, 1999.


3. La umita. Argentina. Dibujo: CATU (Carmen Ocaranza Zavalía). Fuente: http://www.folkloredelnorte.com.ar/leyendas/umita.htm


4. Cabeza voladora, tue tue o chonchon. Chile. Ilustración: FLAKOSKY (Chile). Fuente: http://elartedeflakosky.blogspot.com.es/2013/01/leyendas-chilenas-el-tue-tue-o-chonchon.html





Por Sirley Ríos Acuña

Resumen

La religiosidad popular andina, responde no sólo a las tradiciones prehispánicas, sino también, a la manera en que éstas se conjugaron y reinterpretaron con la implementación del catolicismo. Muchos de los mitos y leyendas vigentes en el universo andino, provienen de la mentalidad indígena, pero se han mantenido en el tiempo con variantes, entre elementos locales y occidentales. Entre los diversos personajes y seres mitológicos de los Andes, ha llamado la atención de la autora las cabezas voladoras, cuya denominación y características formales varían de una región a otra; tal es el caso del “Human Tac Tac”, de la Sierra Central del Perú, que toma forma de cabeza de mujer y emite un sonido onomatopéyico. Aunque los relatos sobre las cabezas voladoras, presentan una versión fragmentaria sobre la creencia ancestral, Sirley Ríos ha encontrado que conservan rasgos formales, de la que debió ser su estructura normal y elementos significativos; estos elementos, a su vez, constituyen un importante ejemplo de la cosmovisión andina, de la manera que tiene el hombre de los Andes de representar y percibir el mundo.

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En torno al Human Tac Tac

Entre los personajes y seres mitológicos del universo mental andino destacan las cabezas voladoras cuya denominación y características formales varía de una región a otra. Su área de persistencia se encuentra en el ámbito serrano principalmente de sur a norte, y en el costeño en menor medida; incluso se tienen referencias de su existencia en el mundo amazónico con una clara evocación de la presencia andina en esta región.

Esta difusión andina no sólo se da en territorio actual del Perú sino que ha abarcado las zonas de Ecuador, Bolivia, Chile y Argentina.

Efraín Morote Best es uno de los primeros estudiosos en haber sistematizado el análisis sobre las cabezas voladoras pero que, sin embargo, ya anteriores autores se habían referido de manera general y habían recopilado los relatos sobre este personaje. Este autor se concentra en rastrear las raíces y funciones de las cabezas voladoras señalando su difusión geográfica a nivel de Perú.

Se debe considerar la más antigua alusión a este personaje la mención que hace Guamán Poma de Ayala en su Nueva Crónica cuando señala que no sólo la cabeza vuela sino otras partes del cuerpo se desprenden y caminan, señal o augurio de muerte. Lo cual señala su procedencia indígena y que han llegado hasta nosotros variantes con mezclas de la cultura occidental. En algunas partes del Ande se ha conservado una versión oral más cercana a la del cronista.

El relato sobre las cabezas voladoras está basado en una creencia ancestral, de épocas preincaicas, de acuerdo a nuestro parecer, que se explica sobre la base de cuentos populares e historias locales y anecdóticas. De ahí que dicha creencia producto de un universo mental pan andino se relaciona a una serie de presagios y señales que se encuentra en la misma naturaleza y en los actos o comportamientos de los seres humanos.

Morote Best encontró una variedad de denominaciones que recibe este personaje en las diferentes regiones: “uma-waqya”, “qepqe”, “uma-pali”, “runa-uma”, “aya-uma”, “ayap-uma”, “uman tak tak”, “keke”, “mok-mok”, “uma pureq keke” o “voladora”. Algunos autores hablan de brujas llamadas uma o quequi que se quitan la cabeza los días martes y viernes para deambular por las calles mientras su cuerpo hace chillidos horribles. Este personaje mitológico es una cabeza humana que se desprende del cuerpo y se desplaza por el espacio, si es de mujer va volando y si es de varón da tumbos. (7)

Incluso está asociado a otro personaje que tiene características similares: qarqacha, qarqaria, karkarya, karkar o tatarata, que es el incestuoso que vaga por las noches comiendo excremento humano. En Huaraz la quequi es una mujer que convive con su compadre. Su canto es quequec, quequec, quequec. Un motivo para ser condenado es el incesto, pues es rechazado por Dios y debe purgar sus culpas. Lanzan gritos y lamentos terribles. Toman forma animal. Esconden su rostro que es calavera por eso se le describe como bulto. Sobre los condenados se dice que son seres del otro mundo que “Cuando alguien muere de buena manera, su alma, antes de morir, recorre los lugares donde sufrió o donde fue feliz.” (8) En cambio, los condenados por cometer incesto conviven una temporada con los vivos.

Asimismo, se señala que “El condenado busca llevarse alguien con él, comerse a quienes están salvos. En especial agarrar su alma, forma en que encuentra su salvación, cambia su suerte. Cuando ha sido incestuoso busca llevarse a su pareja. En otros casos busca comer la cabeza o los sesos de su víctima, ya que ahí está la sede del alma.” (9)

Vemos que hay una mezcla de historias sobre la cabeza voladora y los condenados o jarjachas.

Citas:
(7) MOROTE: 1953.
(8) VARIOS: 2002.
(9) Idem.


Ver el artículo completo en:

Ríos Acuña, Sirley. “Un acercamiento al mundo del Human tac tac en los Andes.” Artesanías de América, 66 (junio 2008), pp. 103-124.