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lunes, 16 de enero de 2023

Mate decorado: Azucarero

 

 
Azucarero: escena de marcación del ganado. Mate decorado. Fuente: Cultura y Pueblo, Año I, Nº 1, enero-marzo de 1964, Lima, p. 10.







 

viernes, 10 de diciembre de 2021

Registro, estudio y difusión del patrimonio cultural inmaterial de Junín y Huancavelica en las obras de Sergio Quijada Jara

 



 

Registro, estudio y difusión del patrimonio cultural inmaterial de Junín y Huancavelica en las obras de Sergio Quijada Jara

 

Ponencia presentada en el IV Congreso Internacional de Arte Peruano. Homenaje a Mihaela Radulescu (1-3 diciembre de 2021). Organizado por el Departamento Académico de Arte, Facultad de Letras y Ciencias Humanas, Universidad Nacional Mayor de San Marcos

 

Mesa 7: Arte popular

 

Día: 3 de diciembre de 2021

 

Ponente: Sirley Ríos Acuña

 

 

Acceder al video de la ponencia en el siguiente enlace: 

https://it-it.facebook.com/CIAPUNMSM/videos/1328101914300826/

 

 

 

 

lunes, 14 de septiembre de 2020

Festividad de la Virgen de Asunción de Cangallo

 

  Virgen de la Asunción. Fuente:  
https://www.facebook.com/Mayordomo2016
 
 
Virgen la “Soltera”. Fuente:  
https://www.facebook.com/Mayordomo2016

 

Fiesta de la Virgen de Asunción. Fuente:  


Por Sirley Ríos Acuña


En el artículo de Nicanor Hinostroza “La fe y la tradición. Una revelación del pueblo de Cangallo” se reseña la festividad de la Virgen de Asunción, patrona del pueblo de Cangallo, Ayacucho. Menciona los preparativos previos, tal es el caso del abiw, es decir, el cargoyuq y su comitiva recolectan regalos en medio del toque de los waqrapukus. Otros actos realizados previamente al día central es el trono watay que consiste en armar las andas de la virgen; el aqakuy o preparación de la chicha de jora; el encierro o persecución de los toros a los asistentes que se encuentran en la Plaza; y la víspera, día en el que se hace la chamiza y cada cargoyuq con su comitiva y músicos recorren las calles del pueblo. El día central se realiza la procesión de las vírgenes Asunción y la Cotahuasina. Por otro lado, en el día de los solteros la Virgen Asunción sale en procesión acompañada de otra virgen llamada la “Soltera”, continúan los mismos cargoyuq y se incluye a un joven que lleva como banda un lazo enroscado.


HINOSTROZA ESQUIVEL, Nicanor.

    “La fe y la tradición. Una revelación del pueblo de Cangallo”. Los Morochucos, año I, Nº 1, pp. 35-38. Ayacucho, PE. Febrero-marzo 1993.

    Fotos b/n

<AYACUCHO> <CANGALLO> <TRADICIÓN> <TRADICIÓN AYACUCHANA> <FESTIVIDAD> <FESTIVIDAD RELIGIOSA> <COSTUMBRES> <FOLCLORE AYACUCHANO>


Países primarios: PE (Perú)

PE: Ayacucho (Cangallo)

Impresión: Impreso

Idioma: Castellano

Biblioteca: S.H.R.A. - UNMSM



 

viernes, 28 de agosto de 2020

Música y danzas tradicionales de Piura

 

Pacacito. Piura, Perú. Foto: Melvín Rodríguez. Fuente: http://trajestipicosdelperu.blogspot.com/2012/04/pacasito-piura.html

Diablicos de Huancabamba. Piura, Perú. Foto: Mariella Bereche Albirena. Fuente: http://killariyconsultores.blogspot.com/2013/07/honores-nuestra-senora-del-carmelo-la.html



Por Sirley Ríos Acuña


En el libro Música y danzas folklóricas de Piura (1984) se explica sobre la música y las danzas piuranas de las épocas prehispánica, virreinal y republicana. El autor clasifica las danzas folclóricas en: Danzas indígenas Tacllanes, danzas originadas con el aporte Malgache y danzas folclóricas serranas. En el primer grupo se encuentran: las danzas con disfraces de pájaros y animales, las guerreras, las rituales para los dioses, las ceremoniales para la fertilidad de la tierra, la bajada de las aguas o buena cosecha. En el segundo grupo tenemos el baile del culén, el tondero, la marinera piurana, la marinera atonderada, etc. En el tercer grupo se encuentran el chique Huancabambino, los diablicos de Huancabamba, las huarinjas, etc. También el autor explica sobre las danzas del Bajo Piura, tales como el pacazo, los tutiriteros, los negritos, etc. Se refiere a las cumananas y el triste con fuga de tondero. Además, menciona dos representaciones teatrales y una danza proveniente de la época colonial del Pueblo Nuevo de Colán: Santiago de matamoros y El emperador don Bernardo del Carpio, y la danza del Ño carnavalón, respectivamente. Finalmente, describe algunos espectáculos o escenificaciones folclóricas como el algodonero, el oro blanco, la fantasía piurana, los algarrobos, entre otros.


ZÚÑIGA DE RIOFRÍO, Pina.

    Música y danzas folklóricas de Piura/ Pina Zúñiga de Riofrío.- Piura, PE. Centro de Folklore “José María Arguedas”- INC.1984.

     189 p. ils.

<MÚSICA> <MÚSICA PERUANA> <MÚSICA PIURANA> <DANZAS> <DANZAS PERUANAS> <DANZAS COSTEÑAS> <DANZAS PIURANAS> <DANZAS TACLLANES> <BAILES PIURANOS> <BAILE DEL CULÉN> <TONDERO> <CUMANANA> <MARINERA PIURANA> <CHIQUE HUANCABAMBINO> <DIABLICOS DE HUANCABAMBA> <LAS HUARINJAS> <EL PACAZO> <LOS TUTIRITEROS> <LOS NEGRITOS> <REPRESENTACIONES TEATRALES > <ESPECTÁCULOS FOLCLÓRICOS PIURANOS>

Países primarios: PE (Perú)

PE: Piura

Impresión: Impreso

Idioma: Castellano

Biblioteca: S.H.R.A. - UNMSM



miércoles, 26 de agosto de 2020

Instrumentos musicales de Cajamarca



Antara o Andara de 12 tubos. Cajamarca, Perú. Foto: César Aguilar. Fuente: https://www.facebook.com/institutotaki/


Por Sirley Ríos Acuña 


El libro ¡Música maestro! Instrumentos musicales en la tradición cajamarquina se registran los testimonios de los campesinos cajamarquinos de diferentes provincias acercas de sus instrumentos musicales y, por tanto, de su música como una expresión colectiva indesligable de la vida cotidiana y del ciclo vital, de fiestas y ceremonias populares, de creencias y literatura oral. Cada uno de los instrumentos (la hoja, la cucula, la trompeta antigua, la andara, la caja y flauta, el redoblante, el bombo, el fuete, el güiro o rascarasca, etc.) son descritos y se explica la forma en que están hechos, quiénes tocan, cómo se tocan, en qué fiestas y danzas son empleados generalmente y qué creencias existen sobre ellos. Además, el libro presenta cuentos, historias, leyendas y canciones relacionados a los instrumentos. 

¡Música maestro! Instrumentos musicales en la tradición cajamarquina/ Biblioteca Campesina.- Cajamarca, PE. Proyecto Enciclopedia Campesina. Serie: Nosotros los cajamarquinos, T. 5. 1989. 

        202 p. ils. b/n, Cartilla de Rescate, Glosario, Relación de trabajo

<MÚSICA> <MÚSICA CAJAMARQUINA> <MÚSICA TRADICIONAL CAJAMARQUINA> <INSTRUMENTOS MUSICALES> <INSTRUMENTOS MUSICALES TRADICIONALES> <MÚSICOS CAJAMARQUINOS> <FIESTAS CAJAMARQUINAS> <DANZAS CAJAMARQUINAS> <CREENCIAS> <CUENTOS> <HISTORIAS> <LEYENDAS> <CANCIONES CAJAMARQUINAS> <TRADICIÓN ORAL> <TRADICIÓN ORAL CAJAMARQUINA> <ORALIDAD> <CAJAMARCA> <FOLCLORE CAJAMARQUINO> 

Países primarios: PE (Perú)

PE: Cajamarca

Impresión: Impreso

Idioma: Castellano

Biblioteca: S.H.R.A. - UNMSM



viernes, 2 de diciembre de 2016

Exposición XII Concurso Nacional de Nacimientos


Fuente: PUCP



La Pontificia Universidad Católica del Perú y el Instituto Cultural Teatral y Social - ICTYS invitan a la presentación del XII Concurso Nacional de Nacimientos 2016.

Desde el 01 de diciembre en la Casa O'Higgins (Jr. de la Unión 554 - Lima)




miércoles, 8 de enero de 2014

La devoción andina a la Virgen María







Fuente:
Fashé Raymundo, Mery. “La devoción andina a la Virgen María”. Ñawinpukio, revista cultural, Lima, 4 (febrero 2003), pp. 15-16.





martes, 7 de enero de 2014

La máscara: Rostro de las festividades andinas






Fuente:

Fashé Raymundo, Mery. “La máscara: Rostro de las festividades andinas”. Ñawinpukio, revista cultural, Lima, 2 (diciembre 1999), pp. 6-7.



miércoles, 10 de abril de 2013

Los elementos andinos y católicos en el contexto de las fiestas religiosas populares (extracto)



Por Sirley Ríos Acuña


Resumen

Se aborda a partir de las ideas planteadas por Josef Estermann sobre la relación inter-transcultural entre las religiones, católica e indígena, manifestada en las festividades, los rituales, la oralidad y en general en la mentalidad individual y grupal. Los elementos católicos fueron redefinidos por los indígenas quienes los incorporaron a sus prácticas religiosas ancestrales y al mismo tiempo los elementos andinos se cristianizaron. En esta oportunidad nos vamos a centrar en dos festividades populares de los Andes peruanos, resaltando estos elementos, vinculados al ciclo agrícola, ganadero y humano.

La fiesta de las cruces es una de las más populares puesto que la forma de esta imagen cristiana no fue extraña a los indígenas, quienes lo relacionaron con la constelación de la cruz del sur, que era venerada desde tiempos remotos y estaba relacionada a la época de la cosecha. Otra de las fiestas populares de carácter devocional y patronal es la del patrón Santiago, que se manifiesta bajo dos formas de festejo: en honor a la imagen del apóstol Santiago como patrono de algún poblado o advocación católica no patronal y en honor a los ganados y los pastores. Se presenta de manera detallada la segunda forma de celebración. Lo que confirma que Santiago asumió la función del Tayta Wamani, Tayta Orqo o Apu, señor de los cerros, respecto a la protección e incremento de los ganados e incluso el apóstol fue asociado con Illapa, vinculado al rayo, el relámpago y el trueno. Esta condición convierte a Illapa así mismo en dios del agua y la lluvia, bajo la forma de una serpiente, y por tanto Santiago asume también estas asociaciones.

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1. Portada de la revista Artesanías de América,  Nº 67.


2. Cruz de camino. Madera tallada y policromada. Siglo XX. Canta, sierra de Lima. Archivo de Sirley Ríos Acuña.


3. Cruz de techo. Fierro, alambre y hojalata policromada. Siglo XX. Abancay, Apurímac. Fotografía: Sirley Ríos Acuña.



El actual sistema religioso popular en los Andes es resultado de una conjunción de prácticas culturales provenientes desde la visión indígena y occidental, donde prevalecen, según el contexto, los rituales propiamente andinos o lo cristiano católico.

Los aspectos rituales católicos han sido redefinidos por los indígenas quienes  los han incorporado a sus prácticas religiosas ancestrales y al mismo tiempo los elementos andinos se han cristianizado. Según Josef Estermann no se ha producido sólo una asimilación de una parte sino que se ha dado una relación inter-transcultural entre ambas religiones católica e indígena y por lo tanto no se hablaría de un “sincretismo andino” de resultado por contacto, sino de relación y diálogo, a pesar de la férrea persecución y extirpación de las idolatrías locales. Esto se debe a la propia lógica andina donde rige el principio holista de la inclusión y no de exclusión como sería en el pensamiento occidental  que trata de separar los opuestos  y no de complementarlos. Es por ello que todas las prácticas del hombre andino están guiadas por los principios de inclusividad, complementariedad y relacionalidad, los cuales se expresan más claramente en la religión popular actual. De ahí la presencia de tres niveles del espacio andino que se relacionan: arriba, abajo y centro. El centro es el encuentro o tinkuy o chakana/ puente.  Por eso dentro del aspecto religioso, el saber andino considera lo sagrado y lo profano, el mundo religioso y el mundo secular en constante interrelación y en conjunción, no dicotómicos o separados. En esa lógica de relacionalidad “...se incluyen ‘verdades’ aparentemente inconsistentes y ‘realidades’ supuestamente incompatibles.” (2)



4. Cruz apóstol Santiago patrón de los ganados. Pasta y madera policromada. Siglo XX. Huancavelica. Colección y Archivo Museo Nacional de la Cultura Peruana-Ministerio de Cultura de Perú.


Josef Estermann afirma que los principios de inclusividad, complementariedad y relacionalidad están enraizados en la cosmovisión andina, por tanto en la religión.

El proceso intercultural e interreligioso entre el catolicismo y la religión andina queda claramente evidenciado desde las primeras manifestaciones del arte religioso barroco en los Andes. También en las festividades, los rituales, la oralidad y en general en la mentalidad individual y grupal.

En esta oportunidad nos vamos a centrar en dos festividades populares de los Andes peruanos, resaltando la presencia de elementos andinos y católicos en su configuración, vinculados al ciclo agrícola, ganadero y humano. El calendario ritual en honor a santos, vírgenes, Cristos y cruces es un pretexto para la continuidad del calendario ancestral asociado a los solsticios y equinoccios, a la época seca y húmeda, a la vida y la muerte, a la noche y el dia.


5. Celebración del Santiago en la región de Tayacaja, Huancavelica. Fotografía: Teófilo Hinostroza. 1962. Archivo Sergio Quijada Jara.


6. Celebración del Santiago en el distrito de Pirchaca, Huancavelica. Fotografía y Archivo Sergio Quijada Jara.


Para confirmar nuestra observación  sobre el pensamiento andino y sus implicancias en las prácticas culturales en torno a su relación con la naturaleza, citamos lo dicho por el antropólogo Juan José García Miranda: “En las sociedades con culturas cosmovisionales, como la andina, el cosmos en su conjunto está concebido como un ente con vida y es más con dimensión humana. En consecuencia, todos los componentes del cosmos tienen vida y, por ende, tienen una estructura orgánica y perciben y sienten la influencia de los agentes externos que actúan en el desenvolvimiento del ser. Si el mundo es concebido como un ente que tiene vida, entonces como todo ser vivo está sujeto a procesos reproductivos que se sintetizan en las capacidades de nacimiento y muerte, surgimiento y extinción que definen ciclos de existencia cuyos pasos de una fase a otra o de una condición a otra genera situaciones de espera y angustia en el hombre y en las colectividades organizadas al culminar una fase e iniciar otra.(3)

La mayor parte de los actos propiciatorios en el contexto de las festividades religiosas populares corresponden a la reproducción o fertilidad vegetal, animal y humana, así como a fines de protección y buenos augurios para el futuro.


Citas:
(2) ESTERMANN, 2002 y 2003.
(3) GARCÍA, 2006: 14.


Ver el artículo completo en:

Ríos Acuña, Sirley. “Los elementos andinos y católicos en el contexto de las fiestas religiosas populares.” Artesanías de América, 67 (2008), pp. 179-211.


 



lunes, 18 de febrero de 2013

Cruces (*)


Por Sirley Ríos Acuña

La cruz como primer símbolo del catolicismo fue impuesta durante y después de la conquista española a América. Se colocó sobre la huaca destruida por los evangelizadores y se dieron explicaciones legendarias acerca de su presencia en nuestro continente. Pero la forma de esta imagen cristiana no fue extraña a los indígenas quienes lo relacionaron con la constelación de la cruz del sur que era venerada desde tiempos remotos. Precisamente, los catequizadores se aprovecharon de ello e implantaron la festividad de las cruces en mayo, mes en el que dicha constelación alcanza su cenit, por tanto, época de cosecha. De ahí que la cruz está estrechamente relacionada con el ciclo agrícola y esto lo vemos expresado en las creencias y costumbres tradicionales. Así, la cruz se popularizó y difundió en los andes, siendo objeto de ceremonias de origen prehispánica mezcladas con las católicas.




En la actualidad encontramos cruces de diferente tipo en todo el territorio peruano como las llamadas en Huamanga de calvario o para el interior de las viviendas;  de techo o zafa–casa; de camino, de viajeros o  pasionaria; de cerros o apus; de barrios o de devotos; de chacras, siembras y cosechas; de entrada y salida de los pueblos; de cementerios; de atrios de iglesias; de propiciación; de conmemoración; de curandero; de qochamama (madre agua); etc.

El tres de mayo se considera comúnmente el día central de la festividad, aunque también son celebradas en carnavales, semana santa y en los meses de enero, junio, julio, agosto y setiembre de acuerdo a las costumbres de cada localidad.




Se distingue la fiesta de las cruces grandes y pequeñas. La primera tiene un carácter público mientras que la otra es más privada y hasta familiar. Entre las grandes encontramos por ejemplo la cruz de los cerros o de  camino, hecha de madera de la zona, generalmente pintada de verde o rojo y decorada con los símbolos de la pasión; “vestido” en ceremonia especial por un grupo de devotos y sacado de su sitio establecido para ser trasladado en hombros, al compás de los músicos y estruendo de  los cohetes (artificios pirotécnicos), hasta la iglesia donde se realiza una misa en su honor. En algunos lugares son “veladas”, al igual que las cruces pequeñas. A este ritual lo llaman en Cusco Cruz Velacuy. Estas cruces grandes llevan un nombre según el lugar donde se ubican. Así tenemos a las famosas cruces de Potochi,  Santa Cruz, Espíritu Santo, Pata y la Soltera de Huancavelica; de Motupe o Chalpón; San Cristóbal en Lima entre otros.




Las denominadas cruces pequeñas son las domésticas pertenecientes a cada familia, ya no de la comunidad como en el caso anterior. De ellas las más conocidas dentro del arte tradicional popular son las de calvario o de la pasión y las de techo, elaboradas en distintos materiales. Además, pertenecen a esta categoría las cruces de individuos, en este caso de caminantes o viajeros ayacuchanos, que aparecen como santolines, pequeñas esculturas de piedra de Huamanga (niño rumi), las cuales son llevadas por dichos personajes y son codiciados por los brujos de la zona y de otros pueblos.

La figura de la cruz también está presente en el ritual de la marcación del ganado, al momento de realizar la preparación de la mesa con el ichu dispuesto en forma de este símbolo religioso.
 

4. Cruz con símbolos de la pasión. Madera tallada y plata. Anónimo. Lima. Colección y archivo Museo Nacional de la Cultura Peruana-Ministerio de Cultura de Perú. Fuente: http://es.scribd.com/doc/73803884/Kaypin-Cruz


Los artistas tradicionales son imagineros, hojalateros, herreros, cerrajeros, carpinteros y simplemente campesinos agroganaderos según el tipo de cruz solicitado. Estos artífices son generalmente considerados anónimos pero se conocen obras de destacados retablistas e imagineros ayacuchanos  como Joaquín López Antay, Celso Baldeón, Jesús Urbano Rojas, Florentino Jiménez Toma y otros. Últimamente hemos observado piezas del hojalatero de Huancaní en Junín, Esteban Rojas Párraga.


CRUCES CALVARIO

Estas obras ayacuchanas también llamadas de la Pasión y que reproducen en pequeño formato a las cruces de camino, son colocadas al interior de las viviendas como signo de protección contra los malos espíritus y daños (brujerías). Tuvieron en un principio un uso sólo religioso, que con el cambio de clientela pasaron a ser decorativas, comerciales y se hicieron de mayor tamaño y recargada ornamentación.

 
5. Cruz de la pasión. Madera tallada y pasta modelada y policromada. Siglo XX. Ayacucho. Colección Museo Nacional de la Cultura Peruana-Ministerio de Cultura de Perú. Fotografía: Archivo Universidad del Pacífico.


El material empleado en su elaboración es madera pintada de rojo, verde o amarillo con y sin diseños ondulados y florales. Para el rostro de Cristo, así como para una parte de los símbolos de la Pasión (sol, luna, clavos, martillo, tenazas, gallo, columna, dados, túnica, cáliz con hostia, cráneo con tibias cruzadas, farola, látigo) y otros elementos complementarios como la paloma, el corazón flameante, querubines y rayos, se usa la pasta -preparada en base a papa y yeso-, policromada con anilinas o esmaltes. Al igual que las figuras de los retablos están vaciadas, a veces no se emplean moldes. Esto último es notorio en Joaquín López Antay pues modelaba a  pulso la cabeza de Cristo coronado de espinas, que podía estar, en ocasiones no, dentro de una urna generalmente cubierta con vidrio en la parte frontal, y todos los otros elementos lo moldeaba. Los otros instrumentos pasionarios como la escalera, la lanza, la caña con la esponja y en algunos casos los cuatro rayos que salen del crucero son de carrizo y madera. Además, estas cruces presentan una peana de dos a más escalones sobre la cual puede estar, a veces no, representada una escena campesina referida a la misma temática de los cajones sanmarcos (castigo de un abigeo rodeado de campesinos, animales y un santo).


6. Cruz de la pasión. Madera tallada y pasta modelada y policromada. Jesús Urbano Rojas. Siglo XXI. Ayacucho. Fuente: http://artistasplasticosperu.blogspot.com.es/2012/03/premiacion-amautas-de-la-artesania.html


7. Cruz de la pasión. Madera, pasta modelada policromada y caja de vidrio con dorado parcial. Anónimo. 1946.  Chupaca, Junín. Colección y archivo Museo Nacional de la Cultura Peruana-Ministerio de Cultura de Perú. Fuente: http://www.arteperu.org.pe/propuesta.php?v_pla=4&v_sup=13&v_s=1


Sin embargo, existen obras con los símbolos de la pasión y figuras complementarias pintadas sobre la madera, delineadas en negro y después cubiertos con vidrio, modelando o moldeando en pasta sólo el rostro de Cristo. Inclusive en vez de la plataforma escalonada pueden presentar una peana con una escena similar a la de los cajones sanmarcos.

Cuando la cruz presenta la figura de una tiara con dos llaves o sólo con estas últimas por encima de la cabeza de Cristo o la urna se le llama San Pedro; es Trinidad si tiene la efigie del Padre Eterno; en otras se observa la farola o paloma (urpi) con y sin triángulo  a la que se denomina Santa Cruz, Espíritu Santo o Espíritu. En cambio hay otras cruces que presentan en la peana la representación de San Antonio acompañado de un arriero y una pastora, rodeados de acémilas y ganado vacuno que reciben el nombre del santo. También algunos solicitan el adorno de su devoción y para ciertas siembras piden la cuculí. Cada una de estas cruces son festejadas en fechas distintas.


8. Cruz con los símbolos de la pasión. Hojalata policromada. Familia Araujo. Ayacucho.  Fuente: http://hojalateria.weebly.com/cruces.html


9. Cruz. Hojalata, yeso policromado y vidrio. Familia Araujo. Ayacucho.  Fuente: http://hojalateria.weebly.com/cruces.html


CRUCES DE  TECHO

Otros objetos de uso mágico religioso son las cruces de techo conocidas en Junín como zafa-casas y en Pachangara (Lima) como Cruz Masha. Se colocan muy adornadas con cintas y flores multicolores sobre la cumbrera de las nuevas viviendas, después de finalizado el techado, con fines de protección y prosperidad. Este ritual de colocación de las cruces lo realizan los padrinos que previamente han sido elegidos por los dueños de casa. Toda la ceremonia se da al son de la música y los harawis (cantos), que termina en baile y banquete general. De algún modo esta ceremonia se vincula con la que se realiza para las vigas pintadas de Sarhua que también son obsequiadas por los compadres. 



10. Cruces de techo. Hojalata policromada y fierro. Anónimo. Andahuaylas, Apurímac. Fuente: http://www.arteperu.org.pe/propuesta.php?v_pla=4&v_sup=15&v_s=1



Después del techado los padrinos dan la bendición y otorgan un nombre a la casa, así como desde el techo, para el caso de Junín, arrojan a los presentes y a su comitiva caramelos, galletas y monedas. Precisamente, son ellos quienes mandan a confeccionar las cruces pero en algunos lugares del Cusco son los ahijados los encargados de llevarlos como regalo.  

La cantidad de estas cruces depende del número de padrinos y refleja el prestigio del dueño de casa dentro de su comunidad. Es así como para cada pueblo existen otras variadas costumbres vinculadas al momento de la colocación de estos objetos religiosos, que en esta oportunidad sólo hemos mencionado aspectos comunes a todos.


11. Cruz de techo. Hojalata. Familia Araujo. Ayacucho.  Fuente: http://hojalateria.weebly.com/cruces.html

Esta diferenciación se da así mismo en el empleo de materiales y técnicas. Podemos encontrarlos mayormente de fierro forjado, de hojalata recortada, soldada y con o sin policromía de esmaltes en la cara principal; en menor proporción son de acero, madera, cerámica e ichu. Además, pueden estar solitarias y otras veces acompañadas de pequeñas botellas o cántaros conteniendo agua de lluvia, agua bendita, vino, aguardiente, chicha de jora, otros licores y monedas de plata antiguas; muñecos colgados, lanas teñidas de rojo, verde y amarillo, cintas o trencillas, wallas, mazorcas de maíz con hojas trenzadas, escobitas de ichu o espigas de trigo; incluso se encuentran flanqueadas por toritos de Pucará, por iglesias y conopas recipientes de Quinua, por leones también de cerámica representados de pie y recostados, entre tantos elementos propiciatorios.


12. Cruz de techo. Hojalata policromada y fierro. Anónimo. 1958. Apurímac? Colección y archivo Museo Nacional de la Cultura Peruana-Ministerio de Cultura de Perú. Fuente: http://www.arteperu.org.pe/propuesta.php?v_pla=4&v_sup=15&v_s=1



BIBLIOHEMEROGRAFÍA


CALDERÓN P., J. Rafael.
1945 “Arquitectura y simbolismo de la cruz en el Cusco”. En: Revista del Instituto Americano de Arte, Vol. 1, Nº 4, Cusco, diciembre, pp. 19-26.

CASTAÑEDA LEÓN, Luisa.
1977 Arte Popular del Perú. Lima: Museo nacional de la Cultura Peruana, 29 p.

CASTELLI, Amalia.
1989 “Mayo: el mes de la cruz”. En: El Comercio, Lima, Mayo 3, pp. C-7

DE LA CRUZ FIERRO, Juan.
1982 Folklore Andino I. Lima, Seminario de Historia Rural Andina-UNMSM.

EL FUGITIVO.
1985 “Mayo, mes de las cruces”. En: El Comercio, Lima, abril 26.
1988 “Cruces de mayo: fe y folklore”. En: El Comercio, Lima, mayo 13, p. C-1

G.P.
1975 “El ritual de la ‘Safacasa’. Cruces en los techos”. En: La Imagen. Suplemento de la Prensa, Lima, noviembre 23.

IRIARTE BRENNER, Francisco E.
1974 Las cruces de Chincha. Lima: Universidad Nacional Federico Villareal. Dirección Universitaria de Proyección Social. Cuadernos de Investigación del Folklore, Chincha, Agosto, 81 p.

LEONARDINI, Nanda y BORDA, Patricia.
1996 Diccionario iconográfico religioso peruano. Lima: RUBICAN Editores, 307 p.

MENDIZÁBAL, Emilio A.
1957 “Una contribución al estudio del arte tradicional peruano”. En: Folklore Americano, Lima, Nº 5, pp. 74-139.

MERINO DE ZELA, Mildred.
1986 Pueblos y costumbres del Perú. Lima: Municipalidad de Lima Metropolitana-MUNILIBROS/10, Noviembre. 172 p.

MOROTE BEST, Efraín.
1954-55 “La zafa-casa”. En: Tradición, revista peruana de Cultura, Vol. VII, Nº 16- 18, Cuzco, enero-junio, pp. 59-78.

ROJAS, Urbano y MACERA, Pablo.
1992 Santero y Caminante. Lima: Apoyo.

SCHAW, Federico.
1943 “La fiesta de las cruces y su relación con antiguos ritos agrícolas”. En: Historia, Vol. I, Nº 4, setiembre-octubre, pp. 363-385.

STASTNY, Francisco.
1981 Las artes populares del Perú. Madrid: EDUBANCO, 251 p.

VILLEGAS ROBLES, Roberto.
1997 “Constelación de la Cruz del Sur”. En: Imaginario del Arte, Nº 12, Lima, pp.50-51.


(*) Extracto del artículo “Cruces” que fue redactado en 1998 como parte de la investigación de la colección de Arte Popular para la preparación del Catálogo del Patrimonio Artístico del Museo de Arte de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos, auspiciado por el Instituto de Investigaciones Humanísticas de la Facultad de Letras y Ciencias Humanas.



 

lunes, 3 de diciembre de 2012

Las máscaras del Perú (*)




Fotografías (de arriba-abajo): Alfonsina Barrionuevo.
1. Máscara de conejo. Piel.
2. Máscara de danzante de la fiesta de la Virgen del Carmen. Paucartambo, Cusco.
3. Máscara de Chonguino. Malla metálica policromada y pelo. Jauja, Junín.


Por Alfonsina Barrionuevo


Al declarar con orgullo que era nieto del último kuraka de Tacna, Arturo Jiménez Borja se quitó una máscara. Ser nieto de antepasados prehispánicos es un lujo. Sobre el terno negro y la elegante corbata el kuraka puso una sonrisa de triunfo. La gente admiró con cariño el gesto del catedrático emérito. Le encantó el brillo de sus ojos sobre su piel de cobre. Máscara viva al lado de un bellísimo libro: “Máscaras Peruanas”.

El amauta aprendió a usar su primera máscara cuando su madre le puso un dedo sobre la boca antes de ir al colegio. No debía cantar el himno chileno y el niño ponía sobre su carita una máscara de silencio. Hasta que Tacna lo envió fuera para librarlo de la tristeza del cautiverio. El amor por el Perú profundo, que hoy se pone máscara de rap, de surf, de rock, lo internó por los caminos del Ande.

Nunca fueron más auténticos sus encuentros, con un arcoiris que hervía en las pailas y se derramaba sobre los seres humanos. En sus fiestas el pequeño Arturo se convertía en awki. La máscara sin curtir o de pellejo, con luengas cabellos de crin sobre la piel sonrosada, se ajustaba a su rostro. Era de pronto un respetable espíritu de los cerros. Un awki, hasta una nueva metamorfosis.

Aparecían los diablos de la Candelaria y se metía debajo del yeso avernal, con cuernillos, batracios y reptiles. Un viento de música lo llevaba de los socavones a las pampas o lo hacía viajar en una máquina de tiempo a las máscaras de lata de Lucifer que copiaban los dibujantes del obispo Martínez de Compañón y Bujanda o pasaban bailando por las calles de Lima al son de los diablos de Pancho Fierro. El niño intercalaba la ternura que inspiran los diablos de Cajabamba, de faldas de encajes y ramitos de flores en las manos enguantadas que se mueven como ingenuos angelotes.

Cuando quería se deslizaba a la prehistoria para bailar después de una cacería con una máscara zoomorfa en las pinturas rupestres de Toquepala o de Sumbay, con cabeza de ave. Arriaga lo vio con traje de plumas muy lustrosas y un alzacuello de plumas rodeando una máscara diminuta. Puedo afirmar que estuvo al lado del arista que cincelaba la máscara de oro que llevó el señor de Sipán para deslumbrar a la muerte. En su reino, el envés del mundo de los vivos él sabía que las máscaras contribuían a su realzar su grandeza. No trajo ninguna a su colección para evitar que nadie quedara huérfano de la majestad de la máscara.

Verle a caza de los parlampanes, truhanes o pícaros, fue una delicia. Ña María no perdió en sus manos su máscara porque era de papel y descubrió que sus desmayos y sofocos en cada esquina eran pura farsa para hacer reír. Consiguió la de un truhán, calabaza cubierta con tela blanca pintada después de convencerle que saltaría la puerta de Cronos y se la puso. En Corpus Christi, San Juan Bautista y Carnavales estuvo hasta que la danza se suprimió por irreverente.

En Paucartambo se perdió en los talleres encantados de don Isaac Portugal y Santiago Rojas para salir con una jaba de máscaras arrebatadas a los conjuntos de majeños, awka chilenos, saqras, k’achanpas, sijllas, qhapaq negro, waka waka, chuqchus, qollas y ch’unchos. Luego arrancó con su tesoro de prisa a Lima por el puente de piedra de Carlos III, seguido por las músicas de ofrenda de la Mamacha Carmen que es una niña linda que rescataron hace siglos del río Amaru Mayo.

Danza de imitación como el ¿okay?, copiado de los ¿yunaites?, los ¿blue jeans?, ¿american life?, fue para su gusto la chonguinada. Le encantó el lucimiento de esta danza que imita los movimientos donosos de las cuadrillas europeas. Una demostración de que los wank’as podían bailar con elegancia, convirtiendo las calles en salones. Con máscaras de largas pestañas y ojos azules -las mujeres que eran hombres, pues, no las dejaban bailar hasta la segunda mitad del siglo-, y barbas en perillas que eran pintadas graciosamente sobre malla en Alemania para estos bailarines de los Andes Centrales.

Se colocó la máscara de maguey, con la epidermis sonrosada y el cabello con hebras doradas de Carlomagno para presidir sin pestañear el trono de los doce Pares de Francia y también, como Papa en el singular Cerco de Roma. Extrañísimos autos sacramentales que fueron traídos sin duda por doctrineros galos e italianos, generando una serie de personajes con máscaras o sin ellos - Untiveros, Fierabrás, Floripes y otros-. Su objetivo se perdió en la sierra limeña. No se representan para el Santísimo sino para pedir a la madre naturaleza que mande la lluvia para fertilizar los surcos.

En la wakonada de Mito tiró del año con una sonrisa callada en la dura madera, para juzgar mitad en serio, mitad en broma, la mala gestión de las autoridades o los defectos de las personas principales. Dio una media vuelta por Sapallanga y se convirtió en el inocente chutito con facciones de suave badanas que encontró a la Virgen lavando los pañales de Niño. En Angasmarka tomó la forma del gavilán con máscara de tela encolada y policromada, agitando alas como en las danzas prehispánicas.

Es imposible contar cuántas veces el nieto del kuraka ara se ocultó debajo de máscaras negras. Las encontró de arriba a abajo, de Perú del nivel del mar a las nieves eternas contrastando siempre su maga epidermis de carbón brillante con su cobre de señor andino. Negrería que nunca fue más libre que detrás de las máscaras con sus facciones adaptadas a trajes vistosos de sedas y terciopelos cuajados de perlas y pedrerías.

Es preocupante pensar que pasará con la valiosa colección de Arturo Jiménez Borja bajo la cual palpitaba su corazón como uno de esos fuelles poderosos de los antiguos herreros. Es toda una parte del Perú que nadie, ni la pobreza, ni la indiferencia, podrán hacer desaparecer. Queda como una incógnita qué pasara con la extraordinaria colección de trajes que las acompaña y que Jiménez Borja, andino de la cabeza a los pies, cuidó con un celo admirable. ¡Esperamos con mucha ilusión una segunda parte de maravilla como testimonio de lo que somos y tuvimos!


(*) Publicado originalmente el 13 de junio de 2007.


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